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Canti & Musica - Anthologie de chants et musique profanes
Ocora - 2011



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Moros y Cristianos
Presentación del libro
de René Espinoza Hernández

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De pixeles a pinceles

A primera vista, se trata de un mero registro gráfico pero en realidad es mucho más que simplemente eso. En un mundo dominado por la cibernética y sus pixeles, René Espinosa Hernández hace uso de los pinceles para devolvernos con desparpajada maestría una versión casi sorprendida de lo que vio y descubrió al acercarse a una expresión para él hasta entonces desconocida : la danza de Moros y Cristianos. A partir de un primer levantamiento fotográfico guiado por la genuina curiosidad del neófito, René se propuso traducir las imágenes... se dice fácil y sin embargo, al irse compenetrando en cada una de ellas terminó por plasmar también en parte su propias vivencias. No se está aquí sugiriendo que la fotografía sea incapaz de despojarse de la frialdad del documento objetivo ; lejos de ello, lo que vale la pena resaltar entre los múltiples aciertos que ofrecen las ilustraciones de este pequeño libro abundante en frescura y talento, es que René logra tender un puente a la vez plástico y anímico hacia un legado popular que viene de tiempo atrás. A remembranza de aquellos viajeros decimonónicos que lograban captar y transmitir con singular precisión el exotismo taxonómico de las insospechadas especies de plantas con que se topaban en recónditas travesías, nuestro joven artista le devuelve en la fluidez de su trazo, un sentido de pertenencia al pasado a los personajes que captura preservándolos para el futuro.


La reconquista de los Reyes Católicos

La danza de Moros y Cristianos llegó a Nueva España como parte de las temáticas obligadas del teatro callejero y las danzas litúrgicas con que los evangalizadores imponían el credo católico a los naturales en el Siglo XVI. Sin embargo, su origen se remonta hasta incluso antes de la recuperación de la península ibérica de una dominación musulmana que duró ocho siglos –desde la primera invasión de Abdal-Aziz en 711 hasta la reconquista española en 1492– a cargo de Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla ; de hecho, se les nombró Reyes Católicos, precisamente por oponerse tanto al islamismo como al judaísmo. Durante la Colonia, a pesar de que en el nuevo mundo no existía ningún riesgo judaizante o arabizante debido al estricto control migratorio que excluía además de las mujeres a los conversos de ambas minorías, la implantación de este tipo de danzas –que revindican un suceso histórico extracontinental– era un acto de supremacía de la corona. España reafirmaba así el derecho de ocupación y dominio otorgado por bula papal de Alejandro VI desde 1493, confirmado por el Tratado de Tordesillas de 1494, con que se repartieron las tierras recién descubiertas en favor de España y Portugal.


Las danzas de conquista

En tal sentido, la danza de Moros y Crisitianos vendría a ser una danza de reconquista y una de las expresiones hispanas fundacionales, a partir de la cual se fueron desarrollando –mediante el sincretismo– nuevas variantes novohispanas que incluyeron distintos personajes autóctonos para conformar lo que se ha dado en llamar las danzas de conquista ; como por ejemplo la de Santiago, la de los Doce Pares de Francia o la de los Tocotines que se baila aquí en Coatepec y que junto con la danza de Moctezuma del norte, son algunas de las más difundidas en nuestro Estado. Mientras que en las danzas de conquista los protagonistas son los indígenas recién conquistados como Moctezuma, quienes combaten en contra de los cristianos encarnados por Cortés y Pedro de Alvarado entre otros ; como su nombre lo indica, la trama de la danza de los Moros y Cristianos se refiere a la confrontación entre árabes y españoles que defienden el cristianismo, representados en la figura de Carlomagno, por haber establecido él la llamada Marca Hispánica o frontera militar de los Pirineos para contener el avance musulmán.
Con el tiempo, en México estas danzas fueron adquiriendo características propias según la región de que se trate, y desarrollan distintas variantes a partir de un esquema general que puede incluir entres sus personajes a reyes, emperadores y alféreces, hasta embajadores o santos, sin faltar los ángeles y los diablos que confrontan al bien con el mal, culminando en la gran batalla de espadas donde se enfrentan ambos ejércitos la cual termina con la ejecución de Pilatos y el triunfo del bien.


Danza y mezcolanza

Lo interesante del vívido testimonio que ha logrado plasmar René Espinoza es que capta con maestría y detalle, diversos aspectos de la caracterización de los diferentes personajes, tanto en su vestuario como en las distintas posturas y actitudes con que asumen su rol en esta representación popular. En veinticinco estupendas viñetas a color sobre los personajes danzantes, diez dibujos a lápiz de los distintos músicos que la acompañan y once más dedicados a sus instrumentos, el joven artista plástico supo captar con sencillos trazos certeros la esencia de esta danza. Su libro trasmite un acercamiento desprejuiciado gracias al cual René supo compenetrarse en una vieja tradición, que siendo nueva para él, abona en su favor al recrearla. Resulta además muy alentador que un joven artista plástico tenga la sensibilidad para acercarse, desde su bien entrenado ojo, al mundo visual de las expresiones populares nuestras como la Danza de Moros y Cristianos. Expresiones que se niegan a perecer ante el embate de un mundo cada vez más globalizado, cuya penetración enajenante se deja ver, por ejemplo, en el uso de nuevas máscaras industrializadas made in Taiwán, que tienden a desplazar el viejo ritual de la elaboración casera. Sin embargo, en medio de todas las contradicciones de nuestra vida moderna actual, las nuevas generaciones tan afectas a chatear, al blue jean y la música pop deciden volcarse hacia la danza como una genuina manifestación de su voluntad de ser veracruzanos y dan así, a su manera, un carisma propio a nuestra identidad. Somos danza y también ipods ; desde nuestros dispositivos usb también escaneamos pasado y presente para configurar el futuro, aunque a algunos se les saturen las memorias.
Es por ello a todas luces positivo que René despliegue técnicas y encuadres actuales, para compartirnos hoy en día estas seculares tradiciones. Ya lo dice él mismo : “Era muy común descubrirme llevando el ritmo de la música con las piernas ; esta música pone al escucha en un estado de relajación y para dibujarlos ¿qué mejor música que la de ellos mismos ? Por eso digo que fue un regalo escucharlos y que les retribuyo de esta manera”. Es cierto, en su libro René Espinoza Hernández hace que los trazos también dancen. Gracias compa René.

Andrés Barahona Londoño