¡Alto la música !
Cuando se piensa en la Intervención Francesa en México, inmediatamente vienen a la mente los primeros versos de Adiós Mamá Carlota, con los que Vicente Riva Palacio plasmara tan vívidamente la desventura de la Emperatriz ; canción cuya espléndida melodía anónima es atribuida a la soldadesca liberal : “De la remota playa te mira con tristeza la estúpida nobleza del mocho y el traidor. En lo hondo de su pecho ya siente la derrota. Adiós, mamá Carlota ; adiós mi tierno amor”. Por otra parte, es interesante constatar que a través del General Riva Palacio se tiende un puente hacia el repertorio de las músicas jarochas. En efecto, existe un viejo son del cual tuve por primera vez noticia allá por los años setenta en Tlacotalpan, cuando el jaranero Carlos Zetina me contó que su mamá le cantaba –como arrullo– una melodía llamada el Pito Real. La presencia de dicho son tiene diversas implicaciones que van más allá del simple fenómeno musical y se inscribe dentro de la escalada de violencia que vivía en país a consecuencia de la pretendida imposición de un imperio europeo en tierra mexicana. Este mismo son, que formó parte del repertorio jarocho pero actualmente ha caído en desuso, Vicente Teódulo Mendoza (1894-1964) lo consigna como parte del acervo musical que se cantaba en la segunda mitad del siglo XIX, precisamente en el contexto de la Guerra de Reforma y también durante la Intervención Francesa.“Señor, este pito real se me fue para Perote, y al pasar por un zarzal ahí se lo comió un coyote”.
La hoja suelta como sátira popular
El propio Mendoza nos cuenta que : “El Pito Real fue una danza que estuvo en boga hacia 1865 y se cantaba del siguiente modo : “Yo no soy de aquí, soy del carrizal, sólo me divierto con mi Pito Real...” Originalmente no tenía ninguna alusión satírica, pero se hizo corrosiva para el Imperio debido a un pliego volante que hacía imprimir en Huetamo Michoacán, el General Riva Palacio y circulaba bajo dicho epíteto, clandestinamente, por el resto del país, distribuida por los barrilleros y vendedores ambulantes que llegaban a comerciar los domingos por las plazas del sur, tráfico que no pudo impedir la situación militar. Ya por esa fechas circulaba con otro texto más de acuerdo con el situación : “Yo no soy de aquí, soy del carrizal, soy puro chinaco, no soy imperial...”
“Conocida y cantada por todo el país todavía hacia 1914, en plena revolución era recordada desde Nuevo León a Guerrero, en la Costa Chica. Pero pasaron los meses y el zodiaco del tiempo transformó los asuntos allende los mares y Napoleón III ordenó al Mariscal Bazaine que retirase sus tropas y las reembarcase rumbo a Francia, noticia que se tradujo inmediatamente en otra canción : “Ya los franceses marchan para San Juan de Ulúa a recoger jujú-rifí-ridiró y a beber vino jerez. Pitos y tambó-foroforés y vasos de cristal y oro-poré Y adiós, mis finos amo-foroforés que ya me voy a embarcar...” Y volviendo al “Pito Real” como periódico o si se quiere como panfleto que levantaba el ánimo decaído de los republicanos en días en que la suerte sonrió a las tropas imperialistas, diremos que en sus breves páginas el general Riva Palacio difundió la grata noticia del viaje final de la Emperatriz a Europa para pedir apoyo para su gobierno. Cuenta don Eduardo Ruiz en su Historia de la Intervención Francesa en Michoacán, cómo, habiendo llegado un correo secreto con la noticia hasta Tierra Caliente michoacana, Riva Palacio –que tanto daño hizo al enemigo, lo mismo con sus tropas que con su pluma– inmediatamente escribió una parodia del poema : “Adiós Oh Patria mía” de Rodríguez Galván, ahora concebida con el título : “Adiós Mamá Carlota”.
El Pito Real y el pitorreo
Pito real es desde luego el nombre de un ave de la familia de los pájaros carpinteros (Picus viridis), pero tomando en cuenta el sentido satírico de la labor emprendida por Riva Palacio por medio del volante impreso llamado El Pito Real, y el agudo sentido crítico que refleja el texto de la canción Adiós Mamá Carlota, no resulta descabellado sugerir la relación entre el término “pitorrearse” y el nombre de dicha publicación, que a su vez lo es de un son jarocho, podrían estar relacionados. De acuerdo con la Real Academia Española, pitorrear o pitorrearse significa guasearse o burlarse de alguien ; y en tal sentido es como se emplea en Veracruz. Consideramos que es muy probable que un estudio a profundidad sobre la interrelación aquí sugerida, podría confirmar dicha relación. Baste aquí, en abono de nuestra inferencia tomar en cuenta el papel que desempeñaron las hojas sueltas y los volantes impresos como portavoces populares contestatarios durante la segunda mitad del siglo XIX.
¡que siga la música !
Testimonios Jarochos es una investigación etnomusicológica del Instituto Veracruzano de Cultura.
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