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Amargo dulzor


¡Alto la música !

Hablar de los habitantes africanos expatriados hacia América, es abrir una de las páginas más vergonzosas de la historia de la humanidad. El secuestro, la sumisión y todas las crueles vejaciones a que fueron sometidos, sólo por la avaricia de los esclavistas, aquellos desdichados seres humanos que sufrieron la aberración de la trata de esclavos, son deplorables por inmorales. Ni la ignorancia, ni la prepotencia, ni tampoco los “criterios de la época”, podrán jamás justificar a los gobiernos que la avalaron ; como tampoco a quienes alevosamente desarrollaron la –eufemísticamente nombrada– industria del “ébano humano”. Fue una verdadera guerra en tiempos de paz, lo que se hizo en aquel entonces.


La esclavitud en América duró aproximadamente cuatrocientos años, del siglo XVI al XIX. Aunque la cifra varía de un autor a otro, se calcula que fueron por lo menos 20 millones de seres humanos los que la esclavitud arrancó de África para ser vendidos en América ; la mitad de los cuales murió durante la captura o al ser trasladados. En México, fue el cura Hidalgo quien abolió la esclavitud el 2 de diciembre de 1810. En España se abolió en 1837 ; en Cuba en 1880 y en Brasil en 1888. Así como resulta indigna la actitud esclavista ; son francamente admirables, el tesón y la fuerza vital que mantuvieron los esclavos para sobrevivir en semejantes condiciones de opresión. Obviamente no todos los esclavos, ya que algunos fueron sirvientes privilegiados que vivieron como criados en la casa del amo. Es en referencia a estos últimos que Ricardo Flores Magón, alguna vez escribió : “...nada es tan desalentador como un esclavo satisfecho”. Pero aquellos que nunca se resignaron y se rebelaron, en muchos casos pagando con su propia vida, fueron los que lograron reconstruirse en lo individual ; para poder así alcanzar una visión compartida, de su propia condición de ser negros de origen africano, esclavizados en América.


Música africana en América

No debió ser nada fácil, puesto que entre todas las dificultades que afrontaron, hay que agregar el hecho de que los esclavistas, intencionalmente desmembraban familias y mezclaban individuos de diferentes naciones (muchas veces rivales), para dificultar el entendimiento y la armonía entre los esclavos. Aún así, en determinados contextos, los negros africanos lograron mantener vigentes ciertos elementos torales de su cultura ancestral, entre ellos la música, la comida ; y en contados casos, también la religión. Prueba de ello es el sincretismo de la santería, que es la religión Yoruba –originaria de Nigeria y Benín, en África occidental– transmutada en el catolicismo. Así, por ejemplo, Changó corresponde a Santa Bárbara y Babalú Ayé a San Lázaro, etc. Hoy en día, existe efectivamente una música afrocubana ; como también la hay afro-puertorriqueña, afro-peruana, afro-colombiana, afro-venezolana e incluso afro-uruguaya, entre otras modalidades. Pero, ¿se puede acaso definir una música afro-mexicana ? ¿Lograron los esclavos de origen africano desarrollar en México, un género musical distintivo ? Comparto la opinión de quienes afirman que no es así : no existe la música afro-mexicana. Lo que hay en México, son intérpretes y compositores –algunos realmente magníficos– de géneros venidos de otras latitudes, los cuales lograron enraizarse aquí. El danzón, de indiscutible origen cubano, es uno de los ejemplos más relevantes. Existe, eso sí, una tendencia o moda, que a partir de las conmemoraciones de los 500 años de la conquista (oficialmente definida con el eufemístico mote de “Encuentro de dos Mundos”), pretende reivindicar la llamada “tercera raíz”. No queremos dar a entender que esa tercera raíz no existe, pero encontrar en México la influencia que ésta ejerció en la conformación de nuestra música popular ; resulta una tarea tan –o tal vez incluso más– complicada, como lo es en el caso de la música indígena prehispánica.


Esencia despojada

Todas las referencias que tenemos sobre la llamada música negra durante la Colonia, son denuncias formuladas por el Oficio de la Santa Inquisición (1524-1820). A los inquisidores les escandalizaba particularmente, el baile en que se hacían movimiento pélvicos que simulaban el acto sexual. Su pretendida castidad no soportaba los manoseos de aquella muchedumbre de negros, mulatos, “moriscos, albinos, negros tomatrás, lobos, chinos, barsinos cambujos, tente en el aire, albazarados, barsinos, campa mulatos y coyotes” que sin rubor alguno, gozaba sus bailes. En 1776, venido de Cuba según Alejo Carpentier, un baile llamado el Chuchumbé era muy popular en Veracruz. Tanto, que el 26 de agosto de ese mismo año, el fraile Nicolás Montero lo denunció ante el tribunal del Santo Oficio ; precisamente por sus “ademanes, manoseos, sarandeos, contrarios a toda honestidad y ejemplo de los que lo ven como asistentes, por mezclarse en el manoseo de tramo en tramo, abrazos y dar barriga con barriga”. El hecho, es que la Inquisición sí logró erradicar el tan perseguido Chuchumbé. No faltará quien crea lo contrario, puesto que existe una nueva musicalización de algunas coplas originales del Chuchumbé. La realidad es que el baile actual ha sido despojado de su esencia, que era la connotación sexual de “dar barriga con barriga”.
Lamentablemente, en este caso –como en tantos otros– la Inquisición se impuso.

Azúcar blanco en el café, negra

Obviamente el desarrollo de la música de origen africana en México, no se puede resumir en este sólo ejemplo. Sin embargo, sí resulta emblemático. El despojo de la esencia del Chuchumbé, es igualmente válido para el conjunto de la música negra en México. La inexistencia de una música propiamente afro-mexicana, no significa tampoco que la impronta musical de los esclavos de origen africano, no haya ejercido ninguna influencia en la conformación de la música popular en México ; y en particular, en el gran complejo genérico del son mexicano. Se podría decir, en un juego retórico, que la presencia de la negritud en la música popular mexicana, resulta igual que cuando se le pone azúcar blanca al café negro : no se ve, pero indudablemente le da un sabor diferente. Por su parte, la música que algunos consideran como afro-veracruzana, es en realidad adopción de una música afrocubana ya existente, mas no una expresión nativa original.

¡que siga la música !

Testimonios Jarochos es una investigación etnomusicológica del Instituto Veracruzano de Cultura.

andrescimas@gmail.com