¡Alto la música !
Una práctica que se ha extendido mucho últimamente entre las nuevas generaciones de grupos jarochos, es la de hacerle su propio “arreglo” a cada son que interpretan. Esta tendencia se relaciona con la creciente proliferación de talleres que por una parte ha propiciado el encumbramiento de lo que hemos definido como los “abuelos precoces” ; y por la otra, ha influido en la implementación –casi como una moda– de este tipo de arreglos. No se trata de que los sones deban ejecutarse de una única manera ; pensar eso sería tanto como suponer que antes de esta tendencia actual, todos tocaban las músicas jarochas de la misma manera y sabemos que es esto no es así. Por el contrario, es muy amplio el abanico de posibilidades musicales que ofrece el esquema básico de los sones jarochos, el cual, a grandes rasgos, consta de las siguientes partes : introducción o declaración, copla con responso (cuando lo hay), interludio o descante, así sucesivamente durante varios versos para terminar con una frase que anuncia el final del son. Aún en su sencillez, este formato básico ofrece múltiples posibilidades. Lo que hay que destacar es que en la gran mayoría de los casos, el tratamiento musical que se hace en estos arreglos se inscribe dentro de parámetros distintos a los del género en cuestión. Vale la pena preguntarse en este rubro si acaso a quienes sienten la necesidad de hacerles “arreglos”, les parecen incompletos o faltos de sabor los sones jarochos como los tocaron nuestros abuelos, y por lo tanto consideran necesario hacer este tipo de adecuaciones, recurriendo a otros géneros. Por increíble que resulte, existe un paralelismo que no abona en favor del género, entre esta “arreglitis” y los criterios que –en su momento– implementaron los productores cinematográficos durante la llamada Época de Oro del cine mexicano, en el sentido de que pareciera ser imprescindible el trastocar la propia música popular regional que se pretende reivindicar.
Guacamaya o Butaquito
Se le puede, en efecto, aportar algo personal a un determinado son cuando se hace un fraseo ingenioso, o se emplea una estructura formal armónica diferente para el verso y en el descante, opciones no faltan dentro de los propios parámetros genéricos ; pero en muchos de los casos la intención de “arreglar” un son puede llegar a producir un “desarreglo”, en el sentido de que se pierde su sello distintivo. Es frecuente que para los músicos jóvenes exista una confusión entre sones como por ejemplo, la Guacamaya y el Butaquito. A pesar de que se trata de dos aires que comparten una misma estructura armónica, consistente en la alternancia simétrica de cuatro compases de 6/8 entre la tónica y el quinto grado, por ejemplo SolM y Re7, dentro de ese esquema formal se desarrollan discursos rítmico-melódicos diferentes y distintivos de cada uno de estos sones. Dicha confusión hace que mientras que unos músicos comienzan con Guacamaya, al momento de la copla no falta el pregonero que se mete a cantar Butaquito ; o viceversa. Esto se puede evitar cuando al iniciar la llamada declaración –es decir cuando la guitarra de son, o el arpa según sea el caso, tocan la figura melódica que da pauta para la entrada del acompañamiento armónico de la jarana– se define claramente el color de cada son. Existen, desde luego, muchas maneras diferentes de tocar las declaraciones, pero un jaranero experimentado sabe distinguir inmediatamente de qué son se trata. El sello musical característico que anuncia la declaración no se limita únicamente al comienzo, ya que un guitarrero o un arpero conocedores desarrollan un discurso distintivo a lo largo de toda la interpretación. Con frecuencia los músicos jóvenes desechan este tipo de declaraciones, que en su sencillez encierran la esencia del son que presentan y tienen como función señalar la introducción para los demás, bajo el pretexto de que corresponden a un estilo supuestamente comercial, cosa que no es forzosamente cierta ; y en cambio prefieren recurrir a elaborados despliegues de notas para recorrer todo el diapasón en lo que parece más un solo que un trazo con el que se marca la entrada del jaranero.
Sucede igual con otros sones que comparten la misma estructura armónica, como La Tuza y El Gallo ; o el Cupido y el Camotal, y otros más. Hemos notado además que junto con esta tendencia a hacer sus propios “arreglos”, muchos nuevos jaraneros tampoco establecen claramente la diferencia entre los sones que se acentúan en el tiempo fuerte y los que se basan en una cadencia sincopada en la que se marca el tercer tiempo del compás. El contraste entre estas dos maneras de marcar el acento métrico en los sones jarochos, se observa de manera muy clara al comparar el fraseo de la Iguana y el del Buscapiés. Estos dos sones comparten un mismo patrón armónico, aunque la Iguana cambia en el estribillo a un patrón bipolar. En cuanto al aspecto rítmico básico, La Iguana se apoya en el tiempo principal o fuerte del compás, y por su parte, el Buscapiés se acentúa sincopado o “al revés”. Este tipo de mezclas y desarreglos contribuye a generar una confusión estilística que no favorece al son jarocho, y en cambio, tiende a diluir los rasgos esenciales distintivos que lo definen como género musical.
¡que siga la música !
Testimonios Jarochos es una investigación etnomusicológica del Instituto Veracruzano de Cultura.
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