¡Alto la música !
Es motivo de orgullo para todos los mexicanos. El próximo 25 de septiembre de 2009 en Abu Dhabi, capital de los Emiratos Árabes Unidos se oficializará la declaratoria de la UNESCO : El ritual de los Voladores de Papantla se considera como Patrimonio Intangible de la Humanidad. Así lo dio a conocer el pasado día 11, el gobernador Fidel Herrera Beltrán. Merecido reconocimiento para dicho ritual del Totonacapan que también se celebra en la Sierra Norte de Puebla, porque se trata de un bien cultural de origen precortesiano. Por medio del sincretismo como estrategia de supervivencia, nuestros antepasados supieron conservar la esencia y el simbolismo profundos de esta evocación acrobática y danzaria que sintetiza la antigua cosmogonía mesoamericana nahua y totonaca.
El ciclo de los hombres pájaro
El ritual comienza desde la selección y tala del árbol que servirá como palo volador, aunque es ahora muy común que se utilice un poste metálico. En el acto culminante intervienen cuatro voladores y un músico que toca una pequeña flauta de carrizo con tres agujeros y un diminuto tambor de doble parche. El palo o poste erguido, símbolo de la interrelación entre el cielo y la tierra, es coronado por una base móvil cuadrada en referencia a los cuatro vientos o puntos cardinales, cuyo centro sostiene una pequeña plataforma sobre la cual el músico realiza de pie una breve danza a manera de saludo. Posteriormente, al sentarse el músico los cuatro voladores, cada uno de ellos amarrado por cintura de un costado de la base, se arroja hacia atrás para descender girando con los pies hacia el cielo entrecruzados y los brazos abiertos simulando el vuelo. Después de realizar 13 giros cada uno de 4 los voladores invierte su posición para aterrizar y completar simbólicamente (13x4) el ciclo de un “atado de años” o siglo azteca que consta de 52 años.
Criterio de identidad
Lo que entendemos como identidad es el legado conjunto de los bienes culturales distintivos de una colectividad particular, mismos que por naturaleza son múltiples y polifacéticos. Como obra colectiva la identidad es una cuestión intrínsecamente dinámica. Somos mexicanos, en nuestro caso veracruzanos, pero cada quien siente e interpreta su veracruzanidad de manera personal ; y la suma de esos sentimientos y miradas da sentido al ser mexicano. Somos tapixte, chayotextle y chipotle, igual que gandinga, mondongo y machuco, pero también chorizo, chicharrón y paella. Rezamos avemarías, bailamos danzones y lloramos a nuestros muertos en altares de cempasúchil y copal. Nacemos lampiños, crespos o barbudos y por lo mismo ya no somos mesoamericanos, ni africanos ni españoles, somos mexicanos veracruzanos ; veracruzanos huastecos, tenek, totonacos, popolucas, zoques, nahuas ; mulatos, blancos, trigueños o güeros y brotamos como las ramas de un árbol, cada una distinta de las demás pero todas unidas en la misma raíz.
Recuadro del artículo :
Distintas formas de asumir un legado cultural
Existen muchas maneras de vivir, asumir y compartir las músicas jarochas, desde el cumplimiento de una manda o un compromiso laboral, hasta el simple gusto por tocar, cantar y bailar. Veamos algunas de ellas.
–El legado regalado. Al heredar una parcela un joven campesino de las serranías o las llanuras jarochas, además de la tierra recibe también un bien cultural y un conjunto de valores que le permitirán funcionar adecuadamente dentro de su entorno vital. Goza de un obsequio y a la vez adquiere un compromiso que lo obliga a mantener viva la tierra, al igual que a proseguir con las costumbres de su gente como, por ejemplo, la de hacer los velorios tuxtlecos o saber en qué momento se deberán tocar los sones de angelito.
–El legado reemplazado. Cuando en el contexto cultural de los sones jarochos hablamos de un legado reemplazado, nos referimos principalmente al proceso de profesionalización de los músicos jarochos. Es un fenómeno asociado a la urbanización, mediante el cual se establece una clara diferencia entre el concepto ancestral del tequio y la dinámica laboral que implica ingresar al mercado citadino de trabajo con el oficio de músico jarocho. No solamente se trata de un reemplazo en el sentido de la sustitución de una cosa por otra, que en este caso conlleva una manera diferente de entender y sobre todo de asumir el papel del músico ; el proceso de profesionalización requiere también de un nuevo emplazamiento del quehacer musical.
–El legado relegado. La combinación de la lógica empresarial con la industria del espectáculo, para vender la representación de un bien cultural musical al cual desde luego no se ha accedido por herencia ; pero en cambio sí se utiliza como materia prima en la elaboración de un producto comercial, es un proceso exclusivamente urbano. Se trata de un proceso que se implementó como proyecto de Estado a partir de la segunda década del Siglo XX, y tiene su máxima expresión en los llamados ballets folclóricos. Al igual que en el cine mexicano de la llamada época de Oro, a los ballets más que preocuparles mostrar el bien cultural en su estado “natural” popular, lo que les interesa es cómo quieren que se vea dicho legado al representarlo de acuerdo con un criterio escénico urbano, relegando a un segundo plano el sentido primigenio sociocultural del son en su sincretismo ritual o como parte de la vida comunitaria.
¡que siga la música !
Testimonios Jarochos es una investigación etnomusicológica del Instituto Veracruzano de Cultura.
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