¡Alto la música !
En el mosaico mexicano de regiones geográficas contrastadas, con raíces étnicas arrancadas en parte y legados cosmogónicos dispares –europeos y mesoamericanos– que pueden ser tan distantes e incluso antagónicos, como también complementarios y armónicos en su sincretismo, Veracruz es resumen de nuestra esencia mestiza tripartita. Somos tapixte, chayotextle y chipotle, igual que gandinga, mondongo y machuco, pero también chorizo, chicharrón y paella. Rezamos avemarías, bailamos danzones y lloramos a nuestros muertos en altares de cempasúchil y copal. Nacemos lampiños, crespos o barbudos y por lo mismo ya no somos prehispánicos, ni africanos ni españoles, somos mexicanos veracruzanos ; veracruzanos jarochos, huastecos, tenek, totonacos, popolucas, zoques, nahuas ; mestizos, morochos, mulatos, blancos, trigueños o güeros, y brotamos como las ramas de un árbol, cada una distinta de las demás pero todas unidas en la misma raíz. Lo que entendemos como identidad es la herencia conjunta de los bienes culturales distintivos de una colectividad particular que se sabe y se nombra a sí misma, los cuales son por naturaleza propia múltiples y multifacéticos. Como obra colectiva, la identidad es una cuestión intrínsecamente dinámica que se esculpe cotidiana e individualmente. En nuestro caso, somos veracruzanos mexicanos pero cada quien siente e interpreta su veracruzanidad de manera personal, y la finca en su medio ambiente regional cultural, donde la suma de estos sentimientos y posturas da sentido al ser mexicano.
Por otra parte, así como debemos con gusto reconocer que en nuestro Estado las diversas culturas sub-regionales ocupan un lugar importante en la vida cotidiana de los veracruzanos, tal y como lo exalta la bella letra que compuso Francisco Morosini Cordero (1946-2006) para nuestro himno estatal : “Veracruz es canciones y es gozo, es fandango, huapango y danzón(...) es jarana, es arpa y es son” ; no podemos pasar inadvertido el bombardeo de un sonido “modernista” que nos invade desde los medios de comunicación. Se trata de un sonido electrificado y energizante al estilo de la música “rocanrolizada moderna”, mediante el cual se nos acostumbra a un determinado estilo musical o clima sonoro que se identifica con la idea del progreso. Y es precisamente en esa contradicción fundamental entre lo que se entiende por “moderno” como sinónimo de positivo, en detrimento de lo “antiguo” entendido como negativo, en donde se define la permanencia o no de la cultura popular veracruzana. Ni siquiera un reconocimiento tan importante como el que recibió en el 2009 la Danza de los Voladores de Papantla de parte de la Unesco, bastará por si mismo para asegurar la sobrevivencia de ese legado de origen prehispánico sincrético. El reconocimiento, fruto de una acción conjunta entre gobierno y cultores, es indudablemente favorable, sin embargo hay que reconocer también que en determinados contextos, dicha danza se ha convertido en un espectáculo escénico, despojado de su sentido ritual profundo prehispánico.
Recuadro del artículo :
Expresión popular y políticas culturales
En términos de la cultura popular de los veracruzanos, la cual es por su propia naturaleza multifacética, no debemos perder de vista que el punto de partida para la conservación de los parámetros creativos y recreativos que conforman este tipo de legados ancestrales, se basa en la compleja interrelación entre los ciudadanos y los sucesivos gobiernos. En esa relación que tiene tintes tanto socioculturales como también políticos, mientras que los ciudadanos –en su calidad de creadores– son los depositarios y responsables directos de la permanencia de la cultura popular, las políticas gubernamentales inciden –por acción o por omisión– en el camino que transita esa obra colectiva que conocemos como identidad cultural. Se requiere de una eficaz interacción entre ambas partes : sociedad civil y gobierno, para dar cauce con libertad y fortaleza a las distintas expresiones culturales del pueblo. Es un delicado equilibrio que no resulta fácil de lograr, en el que ni los ciudadanos deben esperar todas las soluciones del “papá gobierno”, ni tampoco es conveniente que las autoridades se adjudiquen atribuciones que excedan su rol como administradores públicos. Existe un estrecho margen entre la capacidad de desarrollar una acción conjunta y la coacción. La frontera entre ambas puede ser tan pequeña que muchas veces se pierde. Es por ello que la vigilancia para que esto no suceda debe ser constante y representa, desde luego, una responsabilidad conjunta. Sin embargo, es imprescindible que los creadores asuman su papel como motores de la creatividad y la libertad de expresión ; mientras que por su parte, la administración pública debe diseñar sus programas de acción con asesoría de estudiosos en la materia, para implementar su labor de promoción cultural con perspectivas a futuro, más allá de los tiempos políticos. Solamente el compromiso es mayor que el reto, para no dejar que se extinga uno de los bienes patrimoniales intangibles más valiosos : la cultura. Hoy en día, en un contexto mundial donde el proyecto occidentalizador tiende a la globalización hegemónica de una cultura transnacional basada en el “american way of life”, en Veracruz, más allá del espejismo del pretendido “sueño americano”, afortunadamente todavía habemos muchas personas que mantenemos despierta nuestra identidad cultural ; aunque en más de una ocasión aparezcan bostezos e incluso no falta uno que otro ronquido.
¡que siga la música !
Testimonios Jarochos es una investigación etnomusicológica del Instituto Veracruzano de Cultura.
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