¡Alto la música !
Los antiguos mexicanos y las culturas mesoamericanas en general, cumplían con un elaborado calendario ritual que a lo largo de todo el año, celebraba a sus diferentes deidades. Es cierto que en cada ceremonia específica los sacerdotes desempeñaban un papel principal, pero sin duda la participación masiva popular da cuenta de una profunda devoción compartida. Al verse despojados de sus dioses e impedidos por la fuerza para continuar ofreciéndoles el culto que acostumbraban, nuestros antepasados se encontraron ante un vacío existencial que solamente podían compensar mediante la propia devoción. Sabemos que los pueblos mesoamericanos procuraron en la medida de sus posibilidades darle continuidad a sus creencias, pero siempre fueron implacablemente reprimidos por sus evangelizadores. De tal suerte que no tuvieron otra opción más que la de recurrir a un proceso de transposición de sus antiguos dioses en la figura de los nuevos referentes de culto, mediante el sincretismo. Finalmente, la manera en que los antiguos mexicanos asumieron el catolicismo que les fue impuesto por la fuerza y como consecuencia de una derrota militar, difiere en más de un sentido de la visión española según la cual, “gracias a Dios” habían podido ellos descubrir, someter y conquistar las Indias Occidentales.
Una estrategia de sobrevivencia
En tal sentido, la pronta aceptación por parte de los dominados de las nuevas celebraciones religiosas implementadas por los dominadores puede entenderse de diferentes maneras. Se puede ver como la renuncia de toda su antigua visión cosmogónica por parte de los indígenas, que “arrepentidos por haber vivido en el error” reciben con humilde gratitud la verdad que predican sus evangelizadores ; visión que corresponde a la mirada europea y en función de la cual justificó su empresa expansionista en Nueva España. O por el contrario, se puede entender como la manera en que el mexicano logra conservar una congruencia interna consigo mismo y en función de ésta agradece al legado de sus ancestros, la posibilidad de exaltar la vida cotidianamente, mediante las transposiciones de simbolismos y códigos en la expresión devota que le permite el sincretismo ; mirada ésta última, que corresponde a la visión del indígena, y le ofrece la posibilidad de reacomodarse anímicamente en la nueva realidad que lo rodea y lo invade. La esencia del sincretismo es precisamente esa : la conciliación entre dos distintas doctrinas, de tal suerte que los seguidores de cada una de ellas interactúan socialmente, operando puentes comunes a los que cada uno le confiere su propio sentido interior.
Patrimonio Cultural de la Humanidad
Hace ya siete años, en 2003, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) declaró como "Obra maestra del patrimonio cultural de la humanidad" a la festividad indígena que conocemos como Día de muertos. La declaratoria señala que “esta festividad representa uno de los ejemplos más relevantes del patrimonio vivo de México y del mundo, así como una de las expresiones culturales más antiguas y de mayor plenitud de los grupos indígenas que actualmente habitan en nuestro país. Las representaciones en torno a los muertos han dado lugar a una arquitectura simbólica y ritual que se expresa en una infinidad de obras plásticas, objetos artesanales y muestras del arte efímero que se produce en las distintas regiones el país. La riqueza cultural de estas celebraciones reposa en las creaciones artísticas que músicos, pintores y poetas mexicanos han generado en los últimos siglos, aportando al mundo una obra de singular valor como la que se encuentra contenida en la producción gráfica de José Guadalupe Posada, en la literatura académica de Octavio Paz y en la poesía de José Gorostiza, por mencionar algunos ejemplos. El conjunto de prácticas y tradiciones que prevalecen en torno a las celebraciones dedicadas a los muertos, tanto en las ciudades como en un gran número de poblaciones rurales, constituye hoy en día una de las costumbres más vigorosas y dinámicas de México”. En contraparte, no faltan las voces carentes de memoria histórica que se alzan en contra de esta tradición sincrética que consideran indigna de la “civilización moderna”. Estas voces prejuiciadas son seguidoras –en alguna de sus variantes– de los dogmas religiosos inducidos por iglesias gringas. Voces que rechazan la profundidad de nuestro legado cultural ancestral, y en cambio, asumen sin reserva, o peor aún sin darse cuenta, los dictados del “American Way of Life”. Aunque algunos se quieran pasar de vivos negando este patrimonio cultural, como mexicanos debemos ponderar a nuestros muertitos.
¡que siga la música !
Testimonios Jarochos es una investigación etnomusicológica del Instituto Veracruzano de Cultura.
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