¡Alto la música !
Don Régulo Sánchez Viveros, originario –a mucho orgullo– de Cerrillos de Díaz, “pueblo de músicos”, municipio de Alto Lucero, Veracruz, es un laudero ampliamente reconocido en la región, que tiene en su haber la fabricación de un centenar de arpas jarochas. “La primera que hice, fue para mi hijo Adán cuando él tenía 10 años. Con un hacha y un hachezuela escarbé una troza de calabazo y terminé esa arpa. Yo me dediqué a la música jarocha, con la que durante muchos años acudí a varias ferias de la República mexicana, entre ellas la de Aguascalientes. Después retomé –ya en forma– la laudería y aprendí a hormar los cajones. Hice entonces un arpa que me salió muy bonita y se quedó en San Martín Texmelucan, Puebla. De ahí nace esto que para mí fue un sueño : construir arpas… Gracias a Dios, no me puedo quejar porque las cosas se han ido dando bien. Tengo muy buenas amistades, buenos amigos que me han ayudado a abrirme camino para vender mis instrumentos, tanto en Veracruz como fuera del Estado ; e incluso en el extranjero. Actualmente, junto con mi hijo José Juan Sánchez Romero fabricamos el arpa jarocha, arpa para palancas de medios tonos, jaranas y también cuatros jarochos. También elaboramos las cuerdas entorchadas para los bordones, las clavijas y la llave de afinación. Lo mismo arpas hacemos de duela ensamblada que con el cajón de triplay doblado ; se les pone diapasón sencillo o con las palancas para los semitonos, según sea el gusto del músico. A mi parecer, el cajón doblado da unos bajos muy redondos y profundos ; sin embargo, algunos arpistas nos comentan que la caja de duela funciona muy bien para las grabaciones, porque define muy bonito el sonido del arpa. Aquí en el taller hacemos las arpas según las pidan. Así fue que construimos el arpa jarocha más grande del mundo ; y desde luego, también fabricamos arpitas chiquitas pues nos alegra construir un instrumento con el que los niños puedan aprender a tocar”.
El legado del abuelo
El arpa ha estado ligada a Cerrillos, y en particular a don Régulo, de tiempo atrás. “Recuerdo que cuando yo tenía 7 años, mi abuelo Prefeito Sánchez López tocaba el arpa y se oía muy bonita su música. En aquellos tiempos, los domingos se ponía un entarimado en la calle y la gente se subía a bailar sus sones por el puro gusto, ya que todos vivíamos nomás del campo sembrando maíz. Pero desagraciadamente el campo no daba… De los primeros músicos que salieron de aquí del pueblo, recuerdo a Cirilo Andrade, violinista ; también a José Sánchez “Chirico” y era jaranero. Así como ellos, muchos se fueron a México a trabajar la música. Y ya cuando volvían, pues le echaban un coladito de cemento a sus casitas que eran de madera y teja. Entonces la gente veía que la música sí dejaba, de manera que esto empezó a crecer y hoy son muchos los cerrillanos que se dedican a la música. Aunque por cuestiones de trabajo radiquen fuera, para el carnaval y nuestro festival del arpa regresan porque no se olvidan del pueblo. Mi abuelo decía : “Ojalá que cuando me muera, no se pierda el gusto por el arpa” ; y ahora es mi hijo Adán el que ha seguido ese legado de tocar el arpa. Yo considero muy importante que nuestra tradición musical se conserve aquí en Cerrillos, porque somos un pueblo de músicos. Para mí es una satisfacción que mi pequeño nieto Moy, aunque no radique aquí, ya él solito esté empezando a tocar el arpa, porque lo trae en la sangre. Todo eso nos motiva para seguir construyendo los instrumentos, porque esto es lo mero nuestro. Cerrillos, es cierto, es un pequeño pueblito, pero aquí –gracias a Dios– tenemos muchas cosas favorables. Fíjate, por ejemplo, que en esta región se dan distintos tipos de maneras muy buenas para la laudería. Un buen instrumento se puede hacer no nada más de cedro o de caoba, que son desde luego maderas muy finas y sonoras ; pero no son las únicas. Yo me he encontrado con maderas que a veces la gente no valora o no conoce, y simplemente las quema como leña. Te hablo del nacaste o guanacastle ; del cucharo que es reconocido por su sonoridad ; y la chaca que llamamos mulato. A veces se topa uno con que el viento tumbó un árbol, o con algún trozo viejo del cual algo puede aprovecharse, y en este sentido, yo he tenido la idea de experimentar con diferentes maderas. Una vez hice una jarana de un viejo aguacate y resultó un instrumento muy sonoro que parecía de madera ojo pájaro. Tenemos también el calabazo, que allá en el bajío nombran tacote y aquí los viejos le dicen palo banco. Su madera suave resulta excelente para las tapas. Yo creo –y aquí no hablo nada más de maderas– que debemos de conocer lo que tenemos para aprender a valorarlo, porque solamente así sabremos cuidarlo y conservarlo para las futuras generaciones. Nuestra música jarocha tiene que seguir”. Como amigo, colega y admirador de don Régulo y José Juan, los felicito por el arpa tan bonita como sonora que me hicieron y que acabo de estrenar. ¡Muchas gracias !
¡que siga la música !
Testimonios Jarochos es una investigación etnomusicológica del Instituto Veracruzano de Cultura.
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