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El repertorio jarocho
(Primera parte)


¡Alto la música !

A finales del siglo XIX las músicas jarochas, como expresión popular de autoconsumo alcanzaron, si no el momento de mayor plenitud, sí por lo menos un primer gran auge como género musical con características propias claramente definidas dentro de su región nativa. Paradójicamente, en un siglo tan convulso como lo fue el XIX para México, las sucesivas pugnas por el poder no solamente no impidieron la definición de un mosaico de identidades regionales, sino que por el contrario, en respuesta a ese permanente conflicto decimonónico se lograron consolidar las distintas expresiones populares y entre ellas, la música fue primordial. En tal sentido, los sones jarochos se inscribían dentro de una organización social más amplia, definida en función de costumbres, creencias y prácticas festivas que eran compartidas como un valor común para un vasto sector de la población tanto urbana como rural. Entre los factores que conformaron esa identidad cultural se destaca el habla, la vestimenta, la cultura culinaria y la organización social que en el aspecto festivo se centró en la realización del fandango con sus diversos usos y múltiples variantes.

Bailando La Guacamaya en la comunidad tuxtleca de Buenos Aires Techalpan, en 1994

En lo que respecta al repertorio, presentamos a continuación una lista de sones que forman parte del conjunto de sones que existía antes del siglo XX, aún cuando no todos ellos se tocaran o fueran conocidos por todos los músicos jarochos. El Aguanieve ; El Ahualulco ; Los Arrieros ; El Balajú ; La Bamba ; El Borracho ; El Borreguito ; La Bruja ; El Buscapiés ; El Butaquito ; El Camotal ; La Candela ; El Canelo ; El Capotín ; El Carpintero Viejo ; El Cascabel ; El Cataza ; El Celoso o El Jerez ; El Coco ; El Coconito ; El Colás ; El Conejo ; La Culebra ; El Cupido ; El Curripití ; Los Chiles Verdes ; La Chuchurumaca o Indita Vieja ; El Chumba que chumba ; El Durazno ; Los Enanos ; El Fandanguito ; El Gallo ; El Gavilancito ; La Guacamaya ; La Guanábana ; El Guapo ; El Harinerito ; La Herlinda ; El Huerfanito ; La Iguana ; La Indita ; El Jarabe Loco ; Los Juiles ; La Justicia o el Presidente ; El Lelito ; La Lloroncita ; La Manta ; La María Cirila o el Piojo ; La María Chuchena ; La María Justa ; La Morena ; Los Negritos ; Las Olas del Mar ; El Pájaro Cú ; El Palomo ; Los Panaderos ; El Pito Real ; La Petenera ; Las Poblanas ; Los Pollos ; La Rama o Las Pascuas o Naranjas y Limas ; La Risa ; La Sarna ; El Sapo ; El Siquisirí ; La Tarasca o el Chocolate ; El Toro Abajeño o Zacamandú ; El Torero ; El Trompito ; La Tuza ; El Valedor ; La Vieja ; El Zapateado y El Zopilote. Sumemos a esta lista los que consigna Sheehy en su tesis (1979), como sones de los que sus informantes únicamente lograron recordar el nombre : El Sombrerito ; La Mulita ; El Cuervito ; El Carretero (posiblemente se trate de Los Arrieros) y El Cuadrito.
Obtenemos así, un resultado total de 79 sones. Podemos considerar que éstos formaban el grueso del repertorio de las músicas jarochas hacia finales del siglo XIX. Para tener un panorama más completo de la totalidad de los aires que las músicas jarochas incluyeron en su proceso de evolución hasta fines del siglo XIX, habría que añadir otros 48 que tenemos documentados –podrían ser más– y que el Santo Oficio de la Inquisición logró efectivamente erradicar. Estaríamos entonces hablando de un repertorio estimado de 127 sones. Cabe recordar que una de las características que presentaban los sones jarochos en el siglo XIX era la gran cantidad de pequeñas variantes que existía dentro de la región. En tal sentido el repertorio aquí enlistado deberá ser considerado bajo un criterio que incluya también el aspecto cualitativo en su diversidad estilística y no contemple únicamente el factor estrictamente cuantitativo.
Para poder observar mejor cómo ha evolucionado el repertorio de los sones jarochos, y en función de dicho desarrollo establecer un diagnóstico sobre la tendencia actual, en nuestra siguiente entrega nos remitiremos al siglo XX para llegar a nuestros días. La pregunta que surge es qué está sucediendo con el repertorio de los sones jarochos : ¿aumenta o disminuye ? En tal sentido, debemos ponderar entre otros aspectos, los parámetros formales que distinguen a este género y lo ubican dentro del gran complejo del son mexicano, para poder establecer la diferencia frente a otros estilos ; como por ejemplo la marinera peruana, la guaracha cubana o la canción en sus distintas modalidades y con su propia lírica narrativa. No debemos perder de vista tampoco que actualmente existe una moda que apunta hacia la fusión de diversos géneros que corresponden a latitudes específicas, misma que se suele tomar como un indicador de “integración” a la dinámica moderna de la rampante globalización. Es por ello que si tomamos como referencia el repertorio del auge del siglo XIX, veremos que no todo lo que hoy en día se presenta como son jarocho lo es realmente.

¡que siga la música !

Testimonios Jarochos es una investigación etnomusicológica del Instituto Veracruzano de Cultura.

andrescimas@gmail.com