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El término “jarocho”


¡Alto la música !

Como resultado de los múltiples porcentajes posibles de mezcla interracial, durante la Colonia se usó la palabra “jarocho” –con un sentido abiertamente peyorativo– para referirse principalmente a los mulatos y demás “castas” resultantes del mestizaje en que prevalecía la impronta racial negroide. Por extensión se refirió también a toda clase de individuos relacionados con la cimarronería y las costumbres que la Inquisición consideraba como disolutas, deshonestas e indignas. En este sentido para el contexto social de la Colonia, jarocho sería tanto como gente de “color quebrado” y sinónimo de mal vivientes. Uno de sus posibles orígenes señala que proviene de “Jaro” o puerco, término al que se añade el sufijo despectivo “cho”. Hoy en día, el término “jarocho” ha perdido –casi por completo– su sentido despectivo ; sin embargo en ciertos contextos todavía se le llega a asociar con el ser tosco y poco refinado. Para entender mejor los distintos usos que tiene este apelativo, además del criterio racial que parece haberle dado su origen, es interesante añadir tanto el aspecto geográfico, como el sentido cultural con que se maneja actualmente.

El jarocho en el siglo XIX. Litografía que ilustra un texto de José María Esteva, titulado /Trajes y Costumbres Nacionales : El Jarocho/, publicado en 1844 en la revista /El Museo Mexicano/

El jarocho geográfico

Lo que generalmente se ha señalado como la región jarocha comprende una extensa región del litoral sotaventino, que incluye : 1- La cuenca del río Papaloapan desde Alvarado hasta Tuxtepec, en el Estado de Oaxaca ; e inclusive Huimanguillo en el estado de Tabasco. 2- La serranía de los Tuxtlas, con San Andrés Tuxtla, Santiago Tuxtla, y Catemaco. 3- La serranía de la región de Santa Marta, con lugares como Soteapan, Tatahuicapan, Mecayapan, Pajapan y Hueyapan. 4- Diversas ciudades del sur del Estado, como son Acayucan, Jáltipan, Minatitlán, Coatzacoalcos y poblaciones más pequeñas como San Juan Evangelista, Chinameca, Cosoleacaque y Chacalapa, entre otras. 5-. La Ciudad y Puerto de Veracruz, así como también, la zona de, Mandinga, el Conchal y Boca del Río. Es necesario añadir que más allá de esta región, existen referencias que permiten ubicar la presencia de los sones jarochos, por lo menos desde el siglo XIX en lugares del altiplano, como por ejemplo en Alto Lucero y Cerrillos. No podemos tampoco soslayar la presencia del arpa jarocha y por ende de los sones homónimos en la Ciudad de Xalapa. El arpa jarocha se ha convertido en parte integral de la vida cultural xalapeña, incluso desde antes de la fundación de la Universidad Veracruzana el 11 de septiembre de 1944. Como vemos, la zona geográfica jarocha sobrepasa históricamente las fronteras de lo que se suele señalar como la región nativa jarocha. No se debe tampoco excluir a lugares como Córdoba o Coatepec –regiones ambas cafetaleras– en donde ha existido también el son jarocho ; o por ejemplo Misantla, al norte del Estado, donde también se toca esta música. Lo que resulta inobjetable, es que el gusto de los veracruzanos por su música jarocha nunca ha dependido de certificados de nacimiento ni de límites geográficos. Jarochas y jarochos los ha habido en cualquier sitio en donde los lugareños se han sentido atraídos por el fandango y sus sones.

El jarocho cultural

Este fenómeno de ensanchamiento de la región geográfica nativa jarocha, se ve con mayor claridad si se toma en cuenta lo jarocho en su aspecto cultural, ya que este criterio no obedece ni a parámetros de mestizaje racial, ni tampoco de orden estrictamente geográfico. La cultura del jarocho, no solamente abarca la música, incluye también una serie de elementos entre los que se cuentan el habla, las tradiciones festivas patronales, la comida y una serie de rasgos del carácter de las personas que suele ser dicharachero y alegre. Es indudable además, que existe una identificación espontánea entre quienes, aún sin haber nacido dentro de la región considerada como nativa jarocha, han asumido por diversos motivos la práctica de los sones y baile jarocho, como referentes de identidad cultural. Hoy en día, el gusto por esta música ha rebasado las propias fronteras del Estado de Veracruz, siendo en alguna de sus múltiples vertientes estilísticas, un referente de identidad e incluso de mexicanidad dentro y fuera del país.
No es tarea fácil la de definir en qué momento exacto se comenzó a emplear este término, pero podría ser en la segunda mitad del siglo XVIII, y probablemente su uso surgió durante la consolidación de las grandes haciendas, con la acumulación de tierras por parte de los encomenderos. Es sabido que la ganadería no fue una actividad en la que se involucraran de buen grado los indígenas, en cambio se recurrió para dicha actividad a los esclavos negros y sus descendientes ; de tal suerte que se puede suponer que el terminó comenzó a usarse en las vastas llanuras ganaderas, para referirse a los jarochos, como quienes se valían de las “jaras” como herramienta para el manejo del ganado. Como sea, entre “jaras” y “jaros”, llama la atención el hecho de que en las denuncias de la Inquisición contra este baile, no se mencione el término “jarocho” y muy poco la palabra “son”. Por otra parte, se puede constatar que dicho término ya había perdido su tinte despectivo cuando se le puso como sobrenombre al político conservador e intelectual veracruzano José María esteva (1818-1904), se infiere que debido a sus escritos sobre las costumbres propias de los jarochos campesinos. A la Ciudad de Veracruz, se le ha llamado el “puerto jarocho”. Aunque tampoco queda claro exactamente cuando se acuñó este mote, podemos suponer que fue después de la Independencia cuando ya la palabra “jarocho” había perdido su sentido peyorativo.

¡que siga la música !

Testimonios Jarochos es una investigación etnomusicológica del Instituto Veracruzano de Cultura.

andrescimas@gmail.com