¡Alto la música !
Orgullosamente tlacotalpeña, doña Helena de la Luz Ramírez ha dedicado toda su larga vida a seguir su tradición : el zapateado jarocho y la hechura del traje de la jarocha. Dejemos que sea ella misma quien nos cuente : “Yo aprendí a hacer el traje de la jarocha, porque mi abuela me lo enseñó. Recuerdo que cuando chica, yo veía que las mujeres se vestían en ocasiones con un traje de un solo color ; pero no todas usaban el mismo. Cada una hacía su traje para una fiesta ; o por decir, en una ocasión muy especial, se usaba un traje de gala. Pero también se usaba un traje de jarocha para el cotidiano. En realidad, el traje de jarocha fue como el vestuario normal de todos los días. Al igual que ahora, cada quien se vestía a su gusto, dentro de una misma moda. El traje de jarocha fue una moda que llegó a nosotras ; y nos hicimos nuestros trajes para salir a tal o cual evento social. Alguno era amarillo, aquel otro rosa, o azul claro ; y así eran trajes distintos.
Mi abuela se vistió todo el tiempo el traje de jarocha ; pero el de vestir. Esa era su ropa de vestir a diario. Y así como ella, mucha gente. Por eso te digo que cada una de las piezas que se usan ahora en el traje de la jarocha, antiguamente tuvieron una utilidad práctica, un servicio para el uso cotidiano. Vestían con su traje, sus pañuelos de tela de extrafor deshilada, al camisón y abajo la enagua blanca. Las faldas solían ser de nansú que era como hoy la popelina. Todo eso, yo lo conocí siendo una niña ; y la verdad, que sí tiene su misterio la elaboración del traje de jarocha. Hay ciertas reglas básicas en cuanto al corte y hechura de cada una de las piezas ; pero después cada quien lo hace a su gusto”.
Un prejuicio reciente
Por otra parte, cuando hacia 1980, surgió el llamado movimiento jaranero, aquellos, en aquel entonces jóvenes, al amparo del veterano jaranero Arcadio Hidalgo Cruz y el grupo Mono Blanco con Gilberto Gutiérrez Silva a la cabeza, se autoerigieron como los “rescatadores de la verdadera tradición campesina de la música jarocha”. La realidad es que, a excepción de don Arcadio quien ya contaba con toda una vida en el son, los demás muchachos tenían poco tiempo de tocar los sones jarochos. A esa falta de experiencia, se aunó un escasa preparación, no solamente en términos de escolaridad ; sino sobre todo en términos de conocimiento etnomusicológico, en el cual basarse para entender mejor qué es eso tan delicado de enseñar y transmitir una tradición oral musical, como la jarocha. Sin plantearse siquiera subsanar dichas carencias, ellos tuvieron la oportunidad de dedicarse “profesionalmente” a dar talleres y talleres sobre el supuesto “verdadero” son jarocho. Como era previsible, a pesar de que las autoridades que los contrataron no lo supieron o no lo quisieron ver, estos talleres terminaron por sembrar una serie de inexactitudes históricas, verdades a medias y no pocos prejuicios personales, por parte de estos pretendidos rescatadores.
Fue tanta la necesidad de aquellos jóvenes talleristas de diferenciarse de lo que ellos llamaron el son “comercial”, que, para no verse igual que los jarochos “de blanco”, terminaron por inventar una nueva moda híbrida en la vestimenta. Así, sin tomar en cuenta ningún criterio en relación a su antigüedad histórica, ni respecto a las distintas maneras y contextos para su uso, el movimiento jaranero simplemente “descalificó” el traje de jarocha. Ese mismo traje que la abuelita de doña Helena de la Luz Ramírez heredó y le enseñó a elaborar como parte de su legado tradicional. Sin un fundamento real, dicho movimiento lo rechazó, dejó de usarlo ; y peor aún, sembró la prejuiciosa idea de que este traje, es símbolo de la comercialización y fruto de las “deformaciones” de los ballets folclóricos. Hoy en día, podemos demostrar que dichas afirmaciones no son exactas y que se trata, en realidad, de una mezcla de prejuicios y verdades a medias. Como sea, para muchas jóvenes seguidoras del movimiento jaranero, es hoy en día impensable el ponerse “ese traje comercial”. Paradójicamente, pretendiendo defender la “verdadera” tradición del son, llegan ellas –incluso– a negarse a vestir el mismo traje de jarocha que usaron su propia abuela o su madre...
Así como ésta, existen actualmente muchas contradicciones entre la nueva moda del son, creada por el movimiento jaranero ; y la usanza antigua de la música jarocha. Una de las mejores maneras de ayudar a subsanar, hoy en día, los prejuicios que generan división entre las diversas vertientes que presenta el son jarocho, es el acercamiento al acervo histórico documental etnomusicológico sobre esta música. Vamos avanzando en esa dirección.
La voz de la experiencia
Pero volvamos aquí, de nuevo con doña Helena, para que nos siga comentando del traje de la jarocha : “Respecto a su elaboración, se puede decir que el traje de jarocha consta básicamente de seis piezas. Abajo la nagua blanca, la falda y el delantal ; y arriba, el camisón, el pañuelo y el rebozo. Por cierto, que éste último se compraba en las tiendas, porque, que yo recuerde, no se hacía aquí en Tlacotalpan. Ya lo demás, son adornos como el fistol, el cachirulo ; y cada una se inventa que aretes va a usar, los collares y todo lo demás. Para los fandangos, lleva una un paliacate colgado a la cintura, el cual se utiliza al momento de bailar un son como el Toro Zacamandú, donde se hace la pantomima de torear al varón, durante el estribillo cantado... Ya en términos de costura, lo primero del traje de la jarocha es la falda de abajo o nagua blanca. Es como lo que ahora llaman fondo. Esa nagua va rejillada ; y yo me acuerdo que todas nos rejillábamos nuestra nagua. A ésa se le agrega un olán que se rejilla aparte y abajito de la rodilla, se le pone un pasalistón adornado con encajes. Después viene la falda, o falda de encima, que es la que lleva lo que llamamos las nejas. Mi abuela me enseñó a cortar las nejas. Llevan un corte sesgado, de modo que formen un abanico ; pero nada más por la parte de atrás, porque el frente va recto. Para formar bien la cola de la falda, al centro atrás deben quedar dos nejas sesgadas simétricas ; y las demás se van alternando por pares, hasta rematar en la parte central de enfrente, que es recta. La falda se cruza por la cintura y se anuda por la parte de atrás...”
Una detallada descripción completa de la elaboración de esta bellísima y antigua prenda jarocha, nos la da doña Helena, dentro del libro titulado Por su Propia Voz, el cual forma parte de la investigación etnomusicológica Testimonios Jarochos, adscrita al Instituto Veracruzano de Cultura. Confiamos en que este importante acervo histórico, estará pronto disponible. Mientras tanto,
¡que siga la música !
Testimonios Jarochos es una investigación etnomusicológica del Instituto Veracruzano de Cultura.
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