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Canti & Musica - Anthologie de chants et musique profanes
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Entre bordones y trinos


¡Alto la música !

El arpa ha tenido, desde siempre, una presencia de aureola mítica. Particularmente atractiva resulta aquella sublime esbeltez triangular, suavemente coronada en el contorno de su ondulante perfil. Hay algo angelical en ese instrumento, que hoy sigue aún ejerciendo una primitiva fascinación ; entre otras cosas, por el imponente mar de cuerdas en que parecen flotar las manos que lo tañen. Mar –también– que al arpa recibió atónito, cuando por primera vez tocó, junto con Cortés, tierra americana... y nunca más se fue. Como sea, su magia cautivó desde las primeras notas a los naturales y desempeñó después, un importante papel en su conversión a la nueva fe. Arpa misionera, mensajera portadora de dolorosas e increíbles nuevas. Arpa, que en la imposición de sus melodiosas cuerdas, flechó en la devoción arrancada, y palió con dulzura el sangriento parto de una nueva música de sincretismo mestizo.


El arpa huasteca, se utiliza para interpretar principalmente danzas
–aunque también sones– de carácter mágico ritual, relacionados
con la cosmogonía sincrética y el ciclo vital agrícola. Foto de 
César Hernández Azuara, autor del libro El son huasteco y
sus instrumentos en los siglos XIX y XX


Rigor evangelizador

Desde los primeros días de la Colonia, la iglesia comprendió la importancia de la música, como un poderoso medio para conquistar el alma indígena. Fray Pedro de Gante (1490-1572), quien llegó a Nueva España en 1523, desempeñó un importante papel, supervisando la enseñanza de la música sacra, en aquellos traumáticos años iniciales. Además de "predicar y enseñar día y noche”, el propio misionero franciscano señala que "vamos a la redonda destruyendo ídolos y templos, y levantamos iglesias al Dios verdadero". No debió ser nada sencillo convencer a los indios de las bondades del nuevo redentor crucificado, cuando por otro lado, los religiosos mismos se encargaban de borrar –no sin violencia– toda huella de los dioses prehispánicos acusados de ser “demoníacos”. En ese mundo de confrontación y contradicciones, uno de los factores que ayudaron a tender puentes de entendimiento, al ofrecer una forma de encauzar la profunda religiosidad que los mismos españoles reconocieron en los antiguos mexicanos, fue precisamente la música. Es bien sabida la sorpresa que causó entre los evangelizadores, la capacidad de asimilación de las nuevas expresiones musicales, gracias a las cualidades artísticas de los indígenas. Hacia 1536, Motolinia apunta que : "Hay muchos niños de hasta once o doce años que saben leer y escribir, canto llano y canto de órgano y aún apuntar para sí varios cantos".
La música sacra en Nueva España, enraizó de manera inmediata y caló hondo un pueblo tan profundamente devocional como lo es el mexicano. Sin embargo, no fue menor la importancia de la otra vertiente musical venida de España : la música profana. En efecto, aquellos mozos de espuela, carpinteros, herreros, soldados, encomenderos y demás gente que llegó de España, eran portadores de toda una extensa gama de cantos y bailes populares, villancicos, zéjeles, coplas y tonadas pertenecientes a diversas regiones de España. En Ambas vertientes –la sacra y la profana– el arpa estuvo desde el inicio presente ; llegando incluso a convertirse en uno de los instrumentos más populares en México, en el siglo XIX.

Arpa, vihuelas y rabel

Fueron, por lo menos cuatro, los cordófonos que trajeron, desde el mismísimo primer viaje de Cortés, los conquistadores españoles : un probable precursor del violín conocido como rabel, una vihuela de mano, al igual que una vihuela de arco y un arpa. Es el soldado cronista Bernal Díaz del Castillo, en su Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España, quien menciona la llegada, junto con él, de varios músicos : "Hulano (Alonso) Morón, gran músico, vecino de Colimar o Zacatula ; murío de su muerte. Hulano de Canillas, que fue en Italia atambor, e ansí lo fue en esta Nueva España ; murió en poder de los indios. Sebastián Rodríguez, fue ballestero y después de ganado México fue trompetero ; murió de su muerte. Maese Pedro, el del arpa, era valenciano, e murío de su muerte. E pasó un Porras, muy bermejo e gran cantor, murió de su muerte. E pasó un Ortiz, gran tañedor de viola e amestraba a danzar". Díaz del castillo se refiere también a éste último bajo el mote de "Ortiz el músico", el cual se estableció en la Ciudad de México, donde fundó diversas academias de música y baile. Benito Bejel o Bedel fue otro músico, “tañedor de vihuela de arco” y profesor novohispano que también fundó, en 1526, un establecimiento similar en la Ciudad de México.
De estos cordófonos primigenios, se derivan todas las variantes locales que existen en nuestro país. El rabel y la vihuela de arco, confluyeron después en el violín. Esto no impide que el rabel se siga tocando en algunas serranías de nuestro país. Por su parte, la vihuela de mano derivó en las jaranas. Por último, el arpa que es instrumento que nunca se ha dejado de tocar en México y presenta múltiples variantes, con sus distintas modalidades y estilos.

Arpa ritual o arpa lúdica

A grandes rasgos y por supuesto, con ciertas excepciones, el desarrollo del arpa mexicana ha seguido los dos principales derroteros siguientes : el arpa que se deriva de la música sacra, prevalece en él ámbito rural indígena, donde se utiliza para interpretar principalmente danzas –aunque también sones– de carácter mágico ritual, relacionados con la cosmogonía sincrética y el ciclo vital agrícola. Tenemos por otra parte, el arpa que proviene de las tradiciones musicales profanas españolas, cuyo propósito se vincula con expresiones lúdicas, como un esparcimiento festivo. Ésta se ubica en un contexto sociocultural semiurbano o citadino, donde se utiliza para interpretar diversos géneros, entre ellos el son. De acuerdo con tal clasificación, que de ninguna manera se pretende exhaustiva, podemos inferir que tradiciones mexicanas de arpa como la yaqui o la mayo de Sonora, la tzotzil de Chiapas y la huasteca, tienen su origen en la música sacra de los evangelizadores novohispanos ; mientras que las tradiciones arpísticas del sur de Jalisco, terracalentana de Michoacán, la guerrerense y la jarocha –todas ellas pertenecientes al gran complejo de la música de son en México– provienen de la música lúdica profana de los encomenderos españoles. El arpa chica de Durango y también la zacatecana, tuvieron su propio desarrollo y repertorio, incluyendo piezas, danzas, polkas, chotices, rosarios y procesiones. Queremos aprovechar estas líneas para felicitar a todos los cerrillanos, ya que el próximo domingo 22 de febrero, se celebrará el 8° Festival de Arpa en Cerrillos de Díaz. Gozaremos seguramente de una muy grata convivencia.

¡que siga la música !

Testimonios Jarochos es una investigación etnomusicológica del Instituto Veracruzano de Cultura.

andrescimas@gmail.com