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La construcción de la jarana jarocha


¡Alto la música !

La jarana jarocha es el instrumento que brinda soporte rítmico-armónico a los sones jarochos y por ello es indispensable en esta música. El hecho de que el cuerpo de la jarana jarocha, al igual que el de la guitarra de son o requinto jarocho, sea escarbado de una sola pieza de madera y no ensamblado como sucede con la mayoría de los cordófonos derivados de la vihuela de mano, le imprime una serie de características distintivas. Vista de fuera puede parecer una guitarrita –y en cierto sentido lo es– pero por dentro la jarana jarocha difiere considerablemente de la arquitectura y morfología de la guitarra sexta. Mientras que dicha guitarra requiere de un enclave compuesto de varias piezas para asegurar el brazo a la caja, y también de un refuerzo vertical en la unión de las costillas en la base de la caja, en la jarana estos elementos estructurales se incorporan en el tallado mismo del instrumento, el cual incluye además el brazo y el clavijero.

El instrumento que se observa en primer plano sobre el banco de trabajo es una guitarra de son, tipo jabalina, elaborada por quien esto escribe

Aunque es verdad que la construcción del cordófono jarocho es más sencilla que la de sus congéneres ensamblados, no por ello deja de presentar un cierto nivel de elaboración ; mismo que viejos constructores como el tuxtleco Carlos Escribano, “Oreja Mocha”, lograron desarrollar con un mínimo de herramienta, obteniendo instrumentos con excelente sonido. En tal sentido, y cualquier laudero lo sabe bien, la herramienta es un factor determinante, más no el único para construir un buen instrumento musical. En lo personal, considero que son básicamente tres los criterios que determinan la calidad sonora de un cordófono del tipo de la guitarra : la precisión de los ensambles, el grosor de las diferentes partes y, desde luego, la calidad de la madera, en términos de salud y tipo de corte con relación a la función de resistencia mecánica requerida frente a la presión de las cuerdas. Una vez satisfechos estos tres aspectos, dependerán del planteamiento personal de cada constructor las soluciones tanto estructurales como estéticas que presenten sus instrumentos.

Del mito al hecho

Al igual que en la laudería clásica existen distintos mitos, como por ejemplo los legendarios barnices de Stradivarius, la laudería jarocha también tiene los suyos ; que por cierto, varían de un jaranero a otro. Partiendo de que no existe una manera única para construir un buen instrumento, sino que por el contrario hay distintos procedimientos para obtener un mismo buen resultado, es lógico que cada laudero jarocho desarrolle su propia estrategia de acuerdo con su visión y su taller. No todos disponen de una buena sierra cinta para el corte del contorno de la jarana, y por lo general, se recurre a una carpintería para el hojeado de las tapas. Algunos opinan que el escarbado de la jarana debe realizarse a mano, porque con un motor se “mata” la madera ; y no falta quien afirme que el barniz industrial apaga el sonido… Después de haber escarbado tanto a mano como con motor ; y habiendo barnizado con goma laca, con simple tapaporo e incluso con ciertos barnices industriales “suaves”, no he encontrado una diferencia sustancial en el sonido final. Lo que sí resulta indispensable es saber asentar debidamente el filo de gurbias, formones o cepillos, y para ello, además de cierta destreza en el gesto corporal del afilado, es necesario tener una buena piedra plana para formones y cepillos ; así como una multiforme para las gurbias. Los antiguos constructores jarochos, desarrollaron técnicas particulares para el encolado, como la pega de harina para los puentes que ha descrito con detalle don Cirilo Promotor Decena ; aunque él mismo dejó de usarla para recurrir a los pegamentos modernos. Es de llamar la atención que hoy en día, sea difícil conseguir la goma laca –que es un barniz muy dócil a la muñeca– y en cambio prevalezca el barniz industrial alquidálico o acrílico, el uso del polish y la compresora con pistola. Como sea, incluso con barnices industriales, cualquier laudero sabe que no es lo mismo barnizar un mueble que un instrumento. En lo que a la tapa se refiere, mientras que algunos constructores colocan barras de armonía interiores al estilo de la guitarra, otros en cambio consideramos que dadas las proporciones de las jaranas –y guitarras de son o requintos también– éstas no son necesarias.
Por su parte, algunos músicos prefieren la maquinaria metálica para afinar las cuerdas, porque consideran que las clavijas son menos seguras, pero la realidad es que una buena clavija responde perfectamente, aunque es cierto que su manipulación exige cierta práctica, y a veces fuerza en los dedos. En este punto, interviene un criterio “modernista”, ya que para muchos músicos es importante que su instrumento no se vea “anticuado”. El requintero Lino Chávez Zamudio, solía comprar –sobre todo al principio de su carrera artística– instrumentos en la región de Alvarado y llevárselos a “arreglar” a la Ciudad de México para que quedaran como a él le gustaban, es decir con apariencia de guitarra sexta, incluyendo el adorno de la boca y desde luego la maquinaría metálica. Cuestión de gustos… Como se observa en este breve recuento, no existe un consenso entre los jarochos con respecto de la construcción “correcta” de las jaranas y requintos. De hecho, a mí me ha tocado pulsar instrumentos de distinta calidad hechos por un mismo constructor.

¡que siga la música !

Testimonios Jarochos es una investigación etnomusicológica del Instituto Veracruzano de Cultura.

andrescimas@gmail.com