¡Alto la música !
La historia puede en ocasiones ser sumamente caprichosa, de acuerdo –claro está– con quien la escriba ; y con frecuencia también según quien la lea. Nos referiremos al singular caso del poeta Vicente Martínez Espinel (1550-1624). No es común que a una misma persona se le reconozcan méritos tales como para atribuirle la doble paternidad con respecto de manifestaciones artísticas tan emblemáticas como son el verso octosílabo de diez renglones conocido como décima, y la vihuela de mano con cinco órdenes de cuerdas. Es importante destacar que desde ya desde tiempos muy remotos y no solamente en el ámbito medieval europeo, verso e instrumento han sido inseparables, en su estrecha complementariedad musical. Espinel gozó de un merecido prestigio en ambos rubros, como versador y como músico. Este controvertido personaje, tuvo una licenciosa juventud que lo obligó a “acogerse a sagrado” refugiándose en el clero italiano, tras un hecho de sangre acaecido en un tugurio sevillano hacia 1577. En lombardía, fungió como músico de la casa de don Antonio de Londoño, hasta que en 1587, obtuvo un beneficio de Roma donde se le apreció por ser “buen latino y buen cantor de canto llano”. Finalmente regresó a España en 1589, y en Málaga escribió varios poemas de arrepentimiento por su vida disoluta, los cuales le valieron el derecho de ordenarse sacerdote, cantar misa en Málaga, estudiar moral en Ronda y graduarse como Bachiller en Artes.
Fue entonces que tuvo entre sus alumnos a Félix Lope de Vega y Carpio (1562-1635), quien siempre conservó un grato recuerdo de su maestro. Así, en el párrafo inicial de la dedicatoria del libro titulado Laurel de Apolo, que hace el propio autor a Don Juan Alfonso Enríquez, Lope de Vega escribió : “Apolo, excelentísimo señor, deseó laurear en España algún poeta, con justo sentimiento, de que la Universidad de Alcala hubiese olvidado este género de premio,(...) por cuyo olvido la Academia de Madrid y su Protector D. Félix Arias Giron, laurearon con grande aplauso de señores y ingenios a Vicente Espinel, unico Poeta Latino y Castellano de aquellos tiempos...”. Fechado en Madrid el último de enero de 1630, tan emotivo texto lleva la siguiente rúbrica : “capellan y criado de V. Excelencia, Frey Lope Felix de Vega Carpio”. No podemos menos que advertir que resulta exagerada la referencia de Espinel como “único poeta de aquellos tiempos”, y debemos entenderla como una deuda de gratitud del alumno hacia su maestro. Pero es en el cuerpo mismo del libro, en donde Lope de Vega hace el mayor elogio de Espinel –aludiendo además a la doble paternidad señalada– al rimar “vihuelas” con “Espinelas”.Veamos la cita :“Querrá también que Apolo corresponda, a lo que debe el inventor suave de la cuerda que fue de las biguelas, silencio menos grave, y las dulces sonoras Espinelas, no decimos del número de verso, que impropiamente puso el vulgo vil, y califica el uso, o los que fueron a su fama adversos, pues de Espinel es justo que se llamen y que su nombre eternamente aclamen”. Félix Lope de Vega y Carpio. Laurel de Apolo. Silva Primera, p. 26. Publicado por los señores Leclere y Compañía, Londres,1824. Dicha paternidad es cuestionable, puesto que existen documentos que demuestran la existencia de la llamada décima espinela con su particular distribución de versos (ABBAACCDDC) antes de que Espinel publicara su libro Diversas Rimas en 1591. He aquí un ejemplo : Francisco Sánchez Escribano, del Connecticut College, fue quien descubrió al sevillano Juan de Mal Lara, como el precursor de la décima, en su trabajo titulado Un ejemplo de la espinela anterior a 1571. Sánchez apunta : “La obra a que me refiero es desconocida. La única copia que he visto es la de la Hispanic Society of America. Se titula Mística pasionaria. Su autor es el humanista sevillano Juan de Mal Lara, y fue reimpresa en Sevilla en 1863. Es un esbozo religioso-poético del Calvario del señor, cuya Pasión y Muerte están expuestas en catorce estaciones, siendo cada una de ellas una espinela, encabezada por un grabado alusivo a la Pasión del Señor”.
Con respecto de la quinta cuerda, el musicólogo Adolfo Salazar escribió lo siguiente : “...y cediendo el laúd a los avances de los claves, la vihuela de seis cuerdas y la guitarra de cuatro aceptan, con Vicente Espinel o por él divulgado, un compromiso, que será el instrumento de cinco cuerdas conocido universalmente en el siglo XVII por guitarra española”. Por su parte, María de la Paz López-Peláez Casellas, en su libro El laúd en el Renacimiento inglés, señala que : La variedad de laúd que encontramos en España bajo la invasión árabe fue muy utilizada en la zona invadida e impulsada, en gran medida, por la actitud de los soberanos. A Ziryab músico de Abderramán II y discípulo en Bagdad de Isaac el Mosulí, se le debe el haber añadido durante su permanencia en Andalucía, una quinta cuerda al instrumento”. Como sea, el rondeño Espinel ha sido consentido por la historia, y motivo de una leyenda blanca en su favor. No será creador de la espinela, ni tampoco responsable de añadir la quinta cuerda a la vihuela, pero aún así, Vicente Espinel fue una muy destacada figura de la juglaría ibérica del siglo XVI ; y como tal tiene su lugar la historia.
¡que siga la música !
Testimonios Jarochos es una investigación etnomusicológica del Instituto Veracruzano de Cultura.
andrescimas@gmail.com



