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Las décimas del calabozo


¡Alto la música !

Es de llamar la atención que las dos grandes figuras de la guerra de Independencia de México, Hidalgo y Morelos recibieran en su momento instrucción religiosa y hayan sido ordenados como sacerdotes. A pesar de que ambos perecieron en los primeros años del movimiento, son verdaderos héroes nacionales imprescindibles para la historia de México.
Se considera que con el llamado Grito de Dolores efectuado el 16 de septiembre de 1810 –por el cual Hidalgo es proclamado como el Padre de la Patria– da inicio la lucha por la Independencia nacional. Lanzado desde el púlpito en la parroquia de Dolores, Guanajuato por el cura Hidalgo, éste llamado incitando a sus parroquianos –campesinos, alfareros, herreros, carpinteros y demás gremios– a la sublevación en contra de la autoridad virreinal, es en efecto, el detonador del movimiento armado independentista. Sin embargo, el proceso administrativo político de formalización no estuvo exento de contradicciones y se llevó a cabo en diferentes etapas. Como es lógico suponer, Hidalgo no debió incluir en su proclama el hoy popular grito de ¡Viva México !, porque en ese momento Nueva España apenas comenzaba la transición hacia el cambio de nombre ; pero indudablemente al exhortar a la población a sublevarse bajo las consignas ¡Viva la Virgen de Guadalupe ! y ¡Abajo el mal gobierno ! los insurgentes estaban dando voz a dos expresiones fundamentales y profundamente arraigadas en el sentir del pueblo mexicano.

Mural en memoria de don Miguel Hidalgo, el Padre de la Patria,
que se encuentra en el Palacio de Gobierno de Chihuahua,
en el sitio exacto de su fusilamiento

Del púlpito al patíbulo

El guanajuatense Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo y Costilla Gallaga Mondarte Villaseñor (1753-1811) estudió en el vallesolitano Colegio de San Nicolás Obispo, del cual llegó a ser catedrático de teología, filosofía y moral e incluso rector. A partir de 1792 ejerció como sacerdote, entre otros, en el Curato de Dolores. Sus ideas liberales lo llevaron a sumarse al grupo de patriotas que se reunía en Querétaro para planear en secreto la independencia de México. De acuerdo con los planes originales, la sublevación armada debía comenzar hasta el mes de octubre de 1810, pero al descubrirse la conspiración y ser detenidos varios de los implicados, Hidalgo junto con Allende, Aldama, Abasolo y algunos más, adelantaron la fecha gracias al oportuno aviso de la corregidora doña Josefa Ortiz de Domínguez. La reacción de la Iglesia no se hizo esperar y el 13 de octubre de 1810, la Inquisición acusó a Hidalgo de los delitos de herejía y apostasía. (apóstata : persona que reniega de la fe cristiana o de las creencias en que ha sido educado. RAE). Finalmente, a sólo diez meses después de iniciada la guerra, Hidalgo fue fusilado por el gobierno virreinal en chihuahua el 30 de julio de 1811. Después de la ejecución, su cabeza –junto con las de Allende, Aldama y Jiménez– fue exhibida a lo largo de diez años, hasta 1821, en una de las cuatro esquinas de la Alhóndiga de Granaditas. Veamos en el recuadro cuál fue uno de las últimos actos del llamado Padre de la Patria.

Recuadro del artículo

En marzo de 1811, al emprender un viaje hacia la frontera norte con la intención de comprar armas, Hidalgo fue traicionado por Ignacio Elizondo y hecho preso. Después de un penoso proceso, como parte de la ceremonia de degradación eclesiástica que promovió el Santo Oficio, a Hidalgo le cortaron las yemas de los dedos y la superficie de las manos, argumentando lo siguiente : “te arrancamos la potestad de sacrificar, consagrar y bendecir, que recibiste con la unción de las manos y los dedos” ; según señala el curador Héctor Palhares Meza.
“La víspera de su muerte, Hidalgo escribió con un carbón en la pared de su calabozo, las siguientes décimas en agradecimiento al trato humano que recibiera del cabo Ortega y del español Melchor Guaspe :

Ortega, tu crianza fina,
tu índole y estilo amable,
te harán siempre apreciable
aun con gente peregrina.
Tiene protección divina
la piedad que has ejercido
con un pobre desvalido
que mañana va a morir,
y no puede retribuir
ningún favor recibido.

Melchor, tu buen corazón
ha adunado con pericia,
lo que pide la justicia
y exige la compasión.
En tu humana condición (1)
das consuelo al desvalido
en cuanto te es permitido,
partes el postre con él,
y agradecido Miguel
te da las gracias rendido”.

La Décima en México. Glosas y Valonas. Vicente T Mendoza. Buenos Aires, 1947. Núm. 194. Pág. 228. (1) Este renglón se perdió en el escrito original y ha sido completado por el autor de este artículo para la fluidez de tan emotivo texto, como un gesto de profundo respeto y admiración por tan ilustre prócer.

¡que siga la música !

Testimonios Jarochos es una investigación etnomusicológica del Instituto Veracruzano de Cultura.

andrescimas@gmail.com