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Lázaro Patricio y el “derecho” de pernada


¡Alto la música !

El sistema de encomiendas implementado por la corona española como base de la explotación de las riquezas en Nueva España, derivó a partir de mediados del siglo XVI en la consolidación de las grandes haciendas, las cuales a su vez se basan en la posesión de la tierra bajo el régimen denominado Mayorazgo. El Mayorazgo fue una institución del antiguo derecho castellano que establecía que los bienes familiares pasaban al heredero, normalmente el mayor de los hijos, para que el grueso del patrimonio de una familia no se diseminara. Creada en España por medio de las llamadas Leyes de Toro en 1505, la institución del Mayorazgo jugó un papel fundamental en la apropiación de la tierra durante los comienzos de la Colonia. El primer Mayorazgo novohispano fue directamente otorgado por los Reyes Católicos el 27 de julio 1529, a Hernán Cortés, primer Marqués del Valle de Oaxaca, garantizándole tanto la posesión como la sucesión hereditaria de las posesiones y rentas que lo conformaban. El enorme Mayorazgo de la Estanzuela, que incluía entre otros, los actuales municipios de Tlalixcoyan, Tlacotalpan, Cosamaloapan y Tierra Blanca donde se ubicaba su casco, se otorgó igualmente en el siglo XVI, en favor de Don Fernando de Rivadeneyra y se mantuvo en manos de sus sucesores casi hasta mediados del siglo XIX.

En el siglo XVII, era muy común que los grandes hacendados novohispanos cometieran impunemente toda clase de vejaciones con la gente humilde que vivía dentro de sus dominios.

Grandes haciendas grandes abusos

En la estructura piramidal de las grandes haciendas compuestas a su vez por constelaciones de haciendas menores, los hacendados se comportaban realmente como señores feudales y –junto con la iglesia y la corte virreinal– formaban una hermética cúpula de dominio y poder. “El hacendero es, más que nada, un caballero obligado por su alcurnia a guardar en toda ocasión la distancia social que le distingue de las castas inferiores a modo de hacer notorio su status de señor. Durante el siglo XVI y principios del XVII los hacenderos son, casi sin excepción, españoles nacidos en Europa y establecidos en Mesoamérica colonial ; en los siglos subsiguientes son criollos hijos de europeos quienes por haber nacido en tierras americanas las consideran su patria ; por esto, cuando menos en la hoya del Papaloapan (...), se llaman a sí mismos “patricios” (Gonzalo Aguirre Beltrán. Pobladores del Papaloapan. Biografía de una hoya. Págs. 222 y 223). Además del significado de “patricio” como nativo en la patria americana que señala Aguirre Beltrán, el cual corresponde al término “criollo”, hay que añadir el del sentido patrilineal de la herencia de un bien raíz patrimonial, como manera de asegurarse el privilegio de poseer la tierra y por ende también el del poder político. Al amparo de su condición privilegiada, era muy común que el hacendado cometiera impunemente abusos y delitos, infligiendo horribles vejaciones a sus peones de hacienda, a quienes consideraba como sus siervos. Uno de los múltiples y aberrantes abusos que solía cometer el patrón con sus subordinados era el llamado “derecho” de pernada. “Pernada” viene de pierna, y el susodicho “derecho” consistía en meterse el hacendado entre las de la desdichada mujer recién casada con uno de sus peones. Semejante “regalo de bodas” corresponde a una práctica de territorialidad animal que podía consumar el “civilizado” patrón sin remordimiento alguno, ya que por su parte la iglesia lo absolvía mediante unos rezos penitentes y una jugosa limosna “voluntaria”. Después de esta descarada violación, la humilde pareja de recién casados muchas veces se veía obligada a criar como suyo a un hijo del patrón, cuya tez clara constituía un perenne recordatorio de la vejación. Si el “derecho” de pernada era permitido como un acto de poder sobre la “servidumbre libre”, da escalofríos pensar en las aflicciones que debieron soportar las familias de esclavos.
En este contexto opresivo de las grandes haciendas cobra un sentido distinto el estribillo del son de Los Pollos que a la letra dice : “Anda Lázaro Patricio tu mujer es muy bonita, acostadita en su cama parece una palomita”. La simple referencia a Lázaro Patricio hace suponer que este son bien pudo originarse hacia el siglo XVII, en la época de auge de aquellas grandes haciendas de La Estanzuela, o de Corral Nuevo. Como sea, el de Los Pollos es considerado como un son antiguo y esta evocación indirecta al “derecho” de pernada podría constituir lo mismo una revancha sarcástica que un velado grito de indignación.

¡que siga la música !

Testimonios Jarochos es una investigación etnomusicológica del Instituto Veracruzano de Cultura.

andrescimas@gmail.com