¡Alto la música !
Cuando era un niño, hacía yo versos para las chamaquitas y se los escribía a los compañeros para que les llevaran el recado. La realidad es que en aquel entonces no me inclinaba hacia el son jarocho, aunque veía a los músicos. Me llamaban eso sí la atención, pero no me acercaba a ellos. Ya después comencé a tocar instrumentos. Empecé con la guitarra, me prestaron un charango y aprendí a tocar a quena. Estuve en contacto con otro tipo de música, hasta que un día llegó un compañero –llamado Jorge Mora Triano– con un arpa y una jarana y me dijo, “tú ráscale nomás a la jarana que yo le voy a dar al arpa”. No sé quien le habrá enseñado eso a él, pero presumo que fue Alejandro Fierro porque era su vecino, y me parece que entonces también estaba en Casa de Cultura, o se daba sus vueltecitas. Tuve la oportunidad de conocer a varios arpistas viejos, como Goyo Aguirre y un hermano suyo que también tocaba el arpa. Cuando desaparece la panga por la construcción del puente, el turismo deja entonces de recalar en Alvarado y se va de largo. Opta por ir a otros lugares, como por ejemplo a Boca del Río, por lo que los músicos coinciden también hacia allá. Hay mucho músico alvaradeño que todos los días en la mañana se va de aquí para Boca del Río, el Conchal y Mandinga, o busca también en el Arbolillo alguna opción para trabajar en los restaurantes.
Yo comencé en el son jarocho a raíz de una invitación para participar en un concurso nombrado Pablo Zamudio Rosas que fue un gran compositor y muy querido aquí en Alvarado. Pablo “Coraje” como le decía la gente, fue hermano de mi padre. De niño, yo platicaba con él, porque vivía aquí nomás a la vuelta de la casa. Afortunadamente, ni Pablo ni mi padre eran de aquellas personas que no lo dejaban a uno acercarse ; por el contrario, mi tío Pablo era muy abierto. En la discusión, cuando tenía la razón, la tenía ; y nunca discutía si no la tenía. Eso sí como músico era muy estricto y muy exigente. A quienes interpretaban sus composiciones les decía “mira la vas a tocar así, porque es así y no de ninguna otra manera”. Pablito compuso lo mismo tango, como guarachas, boleros, bosanova, corridos y desde luego sones. Él fue además un gran decimista, así que la idea de aquel concurso era imitar su manera de versar en décimas. En particular lo que él hacía para invitar –año con año– a las fiestas de octubre. Es una tradición de tiempo inmemorial en la que se extiende una invitación para acudir a las fiestas patronales de Alvarado, en honor a la Virgen de Rosario ; y también se conmemora la batalla naval del 15 de octubre de 1846, cuando fueron repelidas las naves invasoras gringas que pretendían tomar el puerto de Alvarado. Cuando fue ese concurso, yo nunca había escrito una décima ; tenía ya varias canciones y había hecho cuartetas, pero jamás una décima. El caso es que pocas horas antes de la fecha límite para la entrega de trabajos, a eso de las 5 de la mañana comencé a hilar en líneas de 10 renglones. Después me di cuenta de que algunas eran espinelas y otras no. Actualmente, yo sigo la tradición de componer estas décimas para invitar a las fiestas de octubre. Antes de Pablo, las hizo, Juan B. Zamudio ; ya después de mi tío vinieron Leonardo Solis, Julio Martínez ; y ahora me toca a mí. Aquí es como la CTM, el líder se sale cuando se muere...
El verso como herramienta pedagógica
Fue allá por 1997, cuando vino a impartir un curso sobre la décima el maestro Ricardo González Llero, un repentista cubano, que yo vi por primera vez la décima espinela. A partir de ese curso que se denominó por cierto, Julián Cruz Figueroa en memoria de ese gran jaranero alvaradeño, nos reunimos varios de los compañeros y formamos un grupo que se llamó “Alvarado Aquí”. Con ese grupo obtuvimos un apoyo por medio del Pacmyc, y realizamos un disco colectivo con décimas declamadas. Ya de ahí me arranqué, y al principio pensé hacer cosas “bonitas”... escribir “poemas” y cosas así ; pero cuando va uno a los encuentros de decimeros se da uno cuenta de que la gente disfruta más lo chusco por la ocurrencia. Y pues ni modo... tuvimos que meternos al “bando de los rudos en vez del de los técnicos”... Ya desde entonces he escrito con regularidad. El verso me ha sido de mucha utilidad en la escuela, porque por medio de la décima o la sexteta, podemos reforzar tanto la materia de español, como la historia. Yo soy maestro de Artísticas y le propongo a mis alumnos distintas actividades, entre ellas el manejo de la rima ; o también, en función de las tareas que dejan los demás profesores, compongo una canción para una temática específica.
Décimo primer Encuentro de músicos y versadores en Alvarado
Dentro de las fiestas de las Cruces, se habían quedado olvidados tanto el decimista como el jaranero. De hecho, al jaranero se le veía únicamente como acompañante del bailarín ; pero no para interpretar sólo y menos para cantar un son en el tablado o declamando su versada para que la gente lo escuchara. Eso se había perdido y durante muchísimos años ya no se veía aquí. Fue a raíz de que nos juntamos los compañeros del grupo “Alvarado Aquí”, y con el respaldo de la Casa de Cultura “Narciso Serradel Sevilla” que empezamos a hacer los Encuentros de Decimeros y Jaraneros. Este 29 de mayo celebramos el décimo primero. Poco a poco, en el marco de las fiestas hemos ido ganando más adeptos ; no solamente entre varones, también tenemos varias muchachas que son muy buenas para la versada. Y no digamos los arpistas. Alvarado siempre ha sido reconocido por la calidad de sus arpistas, que son músicos muy capaces ; y no nada más para tocar los sones, también interpretan otro tipo de música, que en ocasiones requiere que el arpa esté “semitonada”. El arpista alvaradeño toca rápido, porque siempre ha sido así. Así como nosotros normalmente hablamos rápido, la gente aquí toca canta y baila rápido. Eso no nos viene ni por moda ni por criterios de modernidad, así somos.
¡que siga la música !
Testimonios Jarochos es una investigación etnomusicológica del Instituto Veracruzano de Cultura.
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