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Mario Barradas Murcia


¡Alto la música !

“En Tierra Blanca Veracruz, un 19 de enero de 1926 nací yo. Mi madre, Luisa Murcia Durán, era de Ignacio de la Llave y mi padre de Tlacojalpan. Manuel Barradas Díaz se llamó él y era primo de “Tachín” Córdoba Díaz, un famoso arpista de décadas pasadas. Crecí en Tierra Blanca, donde se escuchaban distintos estilos de arpa jarocha. Yo aprendí a tocar el arpa, sencillamente porque me gustó. Por eso fue que aprendí. Lo que más se daba allá en Tierra Blanca era el baile de sala. Se tocaba con arpa, pero eran piezas no sones. Claro que tampoco faltaban los padres que acompañaban a sus hijas en aquellos bailes de sala y entonces, cuando ya se estaban aburriendo, antes de que decidieran irse y llevarse a sus hijas, les sorrajábamos algún son jarocho que lo bailaran ellos. Eso los animaba y ya seguían dejando a las hijas ahí, hasta las cuatro o cinco de la mañana... A mí lo que más me gustaba eran los sones, pero yo tocaba de todo, danzones, boleros y corridas ; y eso era lo que se bailaba ahí.

El veterano arpista terrablanquense Mario Barradas Murcia emigró en 1946 a la Ciudad de México, donde desarrolló su carrera como músico profesional.

Cuarto arpistas

En mi familia hay mucho arpista. El difunto Carlos, José Gabriel, Plácido y yo Mario, todos los cuatro tocamos el arpa. Igual mis tíos, por parte de mi papá : Santiago barradas Díaz y era jaranero mi tío Roberto Barradas Díaz, que cantaba muy bonito, décimas y todo eso. Ellos eran de por los rumbos de El Jícaro, en los alrededores de Tierra Blanca. Por allí eran muchos los arpistas. Nombraré aquí algunos de los arpistas viejos, empezando por “Tachín” Córdoba y los hermanos Chaparro. Mi papá me platicaba que ellos llegaban a veces, ahí dónde estaban tocando de compromiso, de puros bailes de sones. Entonces ellos pedían el arpa prestada y se estaban tocando dos o tres horas. Y luego venía el otro hermano y dicen que era más bueno... y así se la pasaban los hermanos Chaparro Barcelata. Total que en ocasiones ya ni tocaba el del compromiso porque el otro se seguía a tocar y tocar. Ya nomás al final llegaba a cobrar el que había formalizado el compromiso. Ellos eran de Tlalixcoyan, pero vivieron mucho tiempo en Tierra Blanca.

Coplas de Mi Morena

Recuerdo a “tío Doro” y los hermanos de Lorenzo. Precisamente por eso Lorenzo Barcelata hizo las coplas de Mi Morena. “Vengo lleno de contento, contagiado de alegría”, porque había tenido una discusión con su hermano y había tenido desavenencias, pero se contentaron y entonces la copla dice : “Se acabó el resentimiento que con Pascual yo tenía”. Y ahí entró tío Doro “que es un hermano a quien quiero de verdad”. A eso se refieren esos versos, a la reconciliación entre hermanos. Todos ellos vivían en Tierra Blanca. Allá estaba también Indalecio, Manuel y también otro hermano de Lorenzo, cuyo nombre ya no recuerdo. Rafael Barcelata, que era el papá de “Chico”, ese vivió en La Mixtequilla. Y tenía, igual que Lorenzo, una voz divina. Cuando ese hombre se ponía a cantar, nadie se atrevía a cantar por su voz tan bonita. Él se ponía atrás del arpa y a cantar. Te estoy hablando más o menos de 1935, por ahí así... de aquellos tiempos.

Mi propio estilo

Ya después, pues empecé a oír las distintas formas de tocar de los arpistas. Y yo sin nada, comencé a hacer mi propio estilo, mi propia forma de tocar. Cuando tenía dieciséis años entré a ferrocarriles a trabajar y me tuve que ir hasta Jesús Carranza, Veracruz, ya colindando con Oaxaca, porque era fácil ahí entrar ; y en cambio en Tierra Blanca no, había que pagar unos centavitos para entrar y mi papá no tenía. Por eso me fui para allá, pero me llevé el arpita. Yo ya estaba empezando a tocar ya bastante y por estando por allá, fue que yo escuché los sones de requinto cuatro y las jaranitas y las jaranas grandes. Ahí me invitaron a tocar, en el Palacio de Jesús Carranza un sábado por la noche. Un señor que era mayordomo de ferrocarriles, de la vía del tren. Sus hijos eran los jaraneros y ellos me invitaron. “Vente, tú arpista, vamos a tocar aquí”. Pues éramos los tres y empezamos a tocar, Pájaro Cú, Siquisirí y Colás y lo que yo me sabía. Empezamos como a las ocho. Cuando eran como las nueve y media o diez, yo tenía rodeado de jaranitas chiquitas y requintos jarochos. Yo con mi arpita sentado, ni me veía... Tocamos el Zacamandú y todos los sones viejos. Esos yo ya los sé desde hace cincuenta años ; y sé que eso es así, despacito. Entonces les gustó a ellos mucho con el arpa, porque por allá no la había ; tenían puro requinto jarocho”. (Fragmento de una entrevista incluida en el libro Por su Propia Voz, el cual forma parte de la colección Testimonios Jarochos que próximamente será publicada en el marco de las conmemoraciones del presente año).

¡que siga la música !

Testimonios Jarochos es una investigación etnomusicológica del Instituto Veracruzano de Cultura.

andrescimas@gmail.com