¡Alto la música !
La tendencia general del son jarocho va hacia la profesionalización. Esa fue, en 1979, la conclusión a la que llegó el etnomusicólogo californiano Daniel Edward Sheehy. Ese mismo año, él presentó la tesis con que obtuvo el doctorado en filosofía de la música, en la University of California de Los Ángeles. Su trabajo se tituló The Son Jarocho : History, Style and Repertory of a Changing Mexican Tradition. (El Son Jarocho : historia, estilo y repertorio de una tradición musical mexicana en proceso de cambio). Hace ya treinta años que tan importante estudio fue escrito, y este mes quedó concluida su traducción al español. Ha sido muy edificante asumir el reto de traducir esta tesis. El tiempo transcurrido no le resta valor a su investigación ; por el contrario, al rigor académico del autor se agrega la relevancia testimonial de cómo fue que observó la música jarocha por aquellos años. Consideramos que su publicación significará un valioso aporte para todos los interesados en conocer más sobre historia de la música jarocha. Tan importante trabajo contribuye a llenar un vacío generacional ; aun cuando el propio Sheehy señala que : “Es necesario reconocer, que en un estudio tan conciso como éste, no es posible incluir todos y cada uno de los detalles que comprende el son jarocho”. Con todo, el tiempo ha confirmado la apreciación del autor con respecto a la tendencia hacia la profesionalización. El fenómeno es actual mas no reciente.

En la foto tomada hacia 1936, se ve al gran arpista veracruzano, Andrés
Huesca, vestido a la usanza del mariachi jalisciense y tocando un arpa
michoacana. Este tipo de mezclas fue una práctica muy común
durante la llamada Época de Oro del cine mexicano
Hibrído “jarochoacanolisciense”
Hacia los años treinta del siglo XX, la incipiente industria cinematográfica generó nuevas expectativas laborales y muchos músicos populares de distintas regiones emigraron a la Ciudad de México. Andrés Huesca (Veracruz, 1917-California ?1957) fue uno de los veracruzanos pioneros y sin duda el que abrió brecha para la consolidación de la música jarocha dentro de un mercado de trabajo citadino, que incluía centros nocturnos, eventos privados, programas de radio y filmaciones. Sabemos que hasta ese momento el arpa tradicional veracruzana era pequeña de aproximadamente un metro con veinte centímetros ; pero los productores cinematográficos le pusieron como condición para participar en su película, que Huesca se presentara con un arpa que le permitiera tocar de pie. Él consiguió, se dice que en la Plaza Garibaldi, un arpa grande de Michoacán y gracias a ella obtuvo dicho trabajo. Lo importante era asegurar la chamba.
De hecho, en la fotografía que acompaña este artículo, se puede observar el diapasón de aquella arpa terracalentana, con su característico adorno labrado, a diferencia del arpa jarocha cuyo diapasón es sencillo. Vemos igualmente que Huesca está vestido de mariachi. La imagen es particularmente evocativa de los criterios de la época. A la industria del cine le importaba mucho más el éxito comercial que el apego a las tradiciones. Bajo pretexto de una pretendida modernidad, los productores de las películas de la llamada época de oro del cine mexicano trastocaron a su antojo las tradiciones populares. Tomando un poco de aquí y otro tantito de allá, hicieron y divulgaron mezclas inventadas –quizás por considerarlas más vistosas– con las que crearon una imagen del ideal “folclórico” estereotipado. Así, volviendo a la foto, vemos a un músico jarocho vestido como jalisciense tocando con un arpa michoacana. Mexican curious you know. Venga pues este nuevo híbrido “jarochoacanolisciense”, que al cabo lo que importa es que resulte taquillera y “corre película”... Este ejemplo es representativo de un fenómeno que se generalizó durante aquella primera etapa de profesionalización de los músicos jarochos en la Ciudad de México. Es obvio que no se trata únicamente de la vestimenta, las mezcolanzas también se dieron en la interpretación musical. Sería injusto no reconocer que los propios músicos fueron parte activa en el uso mercantil modificado de las tradiciones, que proliferó a partir de entonces ; aunque ellos a su vez respondían a las exigencias de los patrones que los contrataban y aplicaban con rigor aquello de que el que paga manda. Pero sería todavía más injusto no darse cuenta del efecto nocivo que tuvo en el ámbito rural, esta nueva imagen de lo “popular” ampliamente divulgada por el cine y la industria disquera. Se suscitó una brecha generacional entre los viejos que mantuvieron sus fandangos a la antigüita y los jóvenes que aspiraban a formar parte de ese nuevo mercado que les ofrecía –y algunos lo lograron– la posibilidad de convertirse en músicos profesionales. Como es de suponerse, esta situación encierra contradicciones que forman parte del complejo proceso de urbanización.
El son como modus vivendi
La tradición popular como razón colectiva, es la manera particular en que un grupo de individuos se reconocen -en primera instancia- entre ellos mismos, para ubicarse ante la vida y después en relación los demás. Es siempre una forma de ser consecuente con la visión colectiva interna, para vincularse desde esa identidad compartida, con el mundo exterior. La permanencia de una tradición solamente puede ser garantizada en la medida en que sus cultores mantengan la cohesión de su quehacer colectivo. La pertenencia a una determinada tradición implica la manera de recrearla, compartirla e intercambiarla entre congéneres culturales. Por ejemplo, la práctica ancestral del tequio es una manera de regular la participación y el trabajo del individuo en beneficio de su colectividad. Por su parte la creciente urbanización, entre otros factores, ha modificado la manera en que se equilibran estos intercambios dentro de una misma tradición. Básicamente se puede afirmar que una tradición se vive, mientras que en una profesión se vive de ella. No se trata de una simple sutileza, puesto que sus implicaciones son muy importantes al analizar la evolución de las músicas regionales.
En este sentido, un buen punto de partida para nuestra reflexión puede ser el siguiente : ¿Se puede ser profesional del son jarocho tradicional ? ¿Es posible ser profesionalmente tradicional ? No es sencilla la respuesta ; y menos ahora que existen tanto usos y abusos de palabras como tradición o rescate. En todo caso, no son pocas las contradicciones que se generan cuando una expresión popular de origen primordialmente rural, se adopta masivamente en el contexto urbano, como sucede ahora –para bien y para mal– con la moda actual del son jarocho. Mucho de lo sucedido en tiempos de Andrés Huesca se repite hoy en día, con nuevas mezcolanzas como la de quienes hablan de son jarocho “tradicional contemporáneo”. Testimonios Jarochos es una investigación etnomusicológica del Instituto Veracruzano de Cultura. Esperamos que pronto sea publicada la traducción al español de la tesis sobre el son jarocho que escribió el Dr. Sheehy en 1979.
¡que siga la música !
Testimonios Jarochos es una investigación etnomusicológica del Instituto Veracruzano de Cultura.
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