¡Alto la música !
Fue una mujer incansable y apasionada defensora de nuestro patrimonio intangible. La maestra Irene Vázquez Valle (1937-2001) se preocupó -como pocos- por la permanencia de la identidad cultural popular mexicana. En 1991 publicó, una pequeña serie de narraciones titulada Relatos con música y chocolate, para facilitar el acercamiento de niños y jóvenes, hacia la vida cultural en el México del siglo XIX.
En la introducción comenta : “Vas a conocer diversas costumbres y celebraciones de los mexicanos que vivieron a mediados del siglo pasado. Vas a saber cómo se vestía la gente, cómo se llamaba la música que le gustaba, cuáles instrumentos musicales sabía tocar... Te enterarás de cosas que las personas de esa época hacían, sentían, creían o pensaban. Antes de escribir todo lo que vas a leer, me puse a buscar relatos publicados en 1850, o bien unos años antes o después ; esos relatos se encuentran dispersos en periódicos, revistas, calendarios y otros impresos. También busqué sobre la vida de esos años, entre lo que han escrito los actuales historiadores. Así pues, reuní varias cosas interesantes con testimonios del siglo pasado y con trabajos de historiadores de nuestros días. Después inventé unos personajes y me imaginé cuál había sido su vida ; para hacer eso, otra vez me puse a leer lo que habían escrito diversas personas. En seguida puse en boca de esos personajes todo lo que había reunido ; es decir, hice que mis personajes relataran lo que encontré como si ellos lo hubieran oído o visto. El resultado de todo le que hice es este librito ; al leerlo veras que parece un cuento, pero no lo es, pues las descripciones de trajes, fiestas, ferias, fandangos y otras costumbres, formaban parte de la vida en 1850”.
Modesta sencillez
El párrafo anterior, no solamente da una puntual instrucción sobre una manera de investigar ; es también un claro reflejo de la característica franqueza de la maestra Irene, que sabía decir las cosas con modesta sencillez. Lamentablemente, la trascendencia de la obra escrita y emprendida por esta connotada historiadora, no ha sido todavía debidamente valorada ; baste aquí recordar su invaluable aportación a la serie discográfica titulada Testimonio Musical de México, publicada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia. En realidad, su gama de intereses no se limitó exclusivamente al ámbito de la música, como se observa en el siguiente apunte : “La manipulación del folklore se hace evidente al constatar el gran auge de las manifestaciones comerciales “populares” que se apropian del folklore o lo usurpan. Tal manipulación resulta subrayada por la edición de esas exquisitas obras sobre “arte popular” muy bien impresas, muy lujosas, que circulan solamente entre los pocos “entendidos”, quienes de esa manera creen cruzar el abismo que los separa de la realidad nacional. Como contrapartida está el hecho de que en México no existe ni ha existido una política oficial coherente encaminada a la conservación, estudio y difusión del folklore ; para reforzar lo dicho, podemos señalar, por ejemplo, la ausencia de un archivo sonoro nacional y la de instituciones permanentes dedicadas al estudio y análisis de los materiales folklóricos. (Antropología e Historia, Boletín del Instituto Nacional de Antropología e Historia, Época III, Núm, 31, julio-septiembre, México, 1980. La oficina de edición de discos del INAH)
Hechos reales en voz de personajes ficticios
En la contraportada del pequeño libro de relatos se lee : “Desde la época colonial hasta fines del siglo XIX, los pueblos y ciudades del país se comunicaban mediante caminos locales, estrechos y peligrosos. En esas veredas iban y venían los arrieros con sus recuas, llevando y trayendo mercancías y conviviendo con los lugareños. En cada viaje atesoraban experiencias e iban tomando aprecio a la usanza de las diversas regiones aun las más alejadas. En el invierno de 1850, un arriero y su hijo llegan con su cargamento a un mesón de la Ciudad de México. Ahí, en reunión de amigos, relatan sus aventuras, dan cuenta de costumbres y tradiciones, describen las grandes fiestas que entonces se celebran. A la sabrosa plática se añaden el gozo del canto y el baile y la buena cocina de la mesonera”. Cipriano Vega cuenta sobre la fiesta de la Santa Cruz : “Estaba llena la cocina cuando regresó don Cipriano. En el interior había muchas mujeres y hombres. En el mesón y lugares cercanos se corrió la noticia de la llegada de los arrieros. En la cocina estaban quienes querían comprar las mercancías traídas, y otros que se conformarían con mirarlas. Todos deseaban escuchar a don Cipriano, por lo buen conversador que era y porque sabía de lugares a donde nunca podrían viajar” : (...) “¿Es cierto que el puerto de Veracruz quedó arruinado ? Muchos dicen que ya no es lo que era, que no llegan a 2 000 las familias que viven dentro de la muralla... Después de la pregunta, don Cipriano dijo : Bueno, recuerden que el puerto tiene conventos frente al mar y su muralla nueve baluartes, dos de ellos frente al Castillo de Ulúa... En 1844 la ciudad de Veracruz tenía más de dos mil casas de piedra múcara, material que se obtiene de los fondos marinos de Isla Verde. En ese año vivían más de 6 000 personas... Me acuerdo que en 1845 se comenzó la construcción del primer ferrocarril en el país, precisamente en Veracruz.”
“En 1847 –continuó don Cipriano– los habitantes de Veracruz padecieron cinco días de bombardeo. El resultado : más de media ciudad demolida, edificios destruidos, lo mismo varios baluartes. Se dice que hubo muchas víctimas. Ahora la ciudad está volviendo a crecer ; hay nuevas construcciones y otras se han reparado. En el puerto dicen que en las noches de niebla pasean dos sombras por el baluarte de Santiago y, por un muro, una más que trata de encontrarse con las otras. Dicen en Veracruz que en 1812 un padre fusiló a sus dos hijos por ser independentistas ellos y él realista. Añade la gente que después de la muerte del padre aparecieron las sombras... Todos estaban callados en la cocina. Don Cipriano se dio cuenta de que había entristecido a su auditorio. Tratando de animar a todos dijo : ¡Basta de recuerdos tristes ! Ahora les contaré sobre un baile de Cruz. Mi hijo y yo asistimos a uno de esos bailes en el patio de una vecindad en el puerto”. Así, en forma amena, la maestra Irene recorre, a lo largo de ocho distintos relatos, aspectos de la vida en el México de 1850. El compendio Relatos con música y chocolate, pertenece a la colección El tiempo Vuela, del Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora.
¡que siga la música !
Testimonios Jarochos es una investigación etnomusicológica del Instituto Veracruzano de Cultura.
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