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Son, Denominación de Origen y otros cuentos


¡Alto la música !

En el ámbito de la producción de bienes agrícolas o alimenticios, existe una normativa legal internacional cuya finalidad es ejercer un control de calidad sobre determinados productos comerciales que se conoce como Denominación de Origen (D.O.). Al respecto, un diccionario virtual señala lo siguiente : “... es un tipo de indicación geográfica aplicada a un producto agrícola o alimenticio cuya calidad o características se deben fundamental y exclusivamente al medio geográfico en el que se produce, transforma y elabora. En otras palabras, es una calificación que se emplea para proteger legalmente ciertos alimentos que se producen en una zona determinada, contra productores de otras zonas que quisieran aprovechar el buen nombre que han creado los originales, en un largo tiempo de fabricación o cultivo. Los productores que se acogen a la denominación de origen, se comprometen a mantener la calidad lo más alta posible y a mantener también ciertos usos tradicionales en la producción, como por ejemplo, en el caso del vino, en ciertas zonas se exige utilizar la uva tradicional de la zona. Asimismo, suele existir un organismo público regulador de la Denominación de Origen, que autoriza exhibir el distintivo a los productores de la zona que cumplen las reglas”.

TLos destacados arpistas jarochos Andrés Alfonso Vergara y Nicolás Sosa Hernández, tocando juntos aquí en Xalapa, en 1994. Foto ABL

Abordar las cuestiones de cultura e identidad desde la perspectiva que ofrece la Denominación de Origen resulta particularmente interesante, pues como se señala en la cita anterior, dicha calificación incluye conceptos vinculados con lo cultural y lo identitario, tales como “usos tradicionales en la producción” y “la protección legal contra productores de otras zonas que quisieran aprovechar el buen nombre que han creado los originales”. Así, podemos por ejemplo advertir que el uso –y abuso– del apelativo jarocho que ostenta el fastuoso espectáculo homónimo, equivaldría a que Hollywood pretendiera comercializar el “Champagne” ; despropósito que puede ser impedido precisamente gracias al control que ejerce la “Appellation d´Origine Contrôllée” (AOC) que es el equivalente francés de la Denominación de Origen. Lamentablemente, en el caso del patrimonio cultural no existen normativas que permitan proteger legalmente los bienes que se producen en una zona determinada contra el uso y la explotación de quienes aprovechan “el buen nombre que han creado los cultores originales”. En efecto, desde el punto de vista estrictamente legal, el hecho de que ese hollywoodense espectáculo se denomine “Jarocho” no se puede tipificar como delictivo ; cabe sin embargo destacar que aunque este uso se considere “legal”, no por ello es legítimo, y desde luego constituye un usufructo en favor de terceros del patrimonio cultural veracruzano, el cual –ése sí– es resultado de “un largo tiempo de fabricación o cultivo”.

La ¿cuna ? del son

Algo similar sucede con respecto del uso y abuso de palabras tales como “tradición” y “son”, cuyo sentido termina por diluirse a fuerza de ser repetidas a diestra y siniestra, sin ningún tipo de regulación. Todos, absolutamente todos los nuevos grupos que se autodenominan jarochos, aseguran que proceden de la “tradición” y anuncian como “son” la música que tocan, cuando en muchos de los casos, su quehacer musical no corresponde con los parámetros distintivos del género, ni mucho menos con el legado cultural de nuestros antecesores. Hoy en día la fusión y confusión del son parece haberse convertido en una “nueva tradición”. En este mismo sentido, no deja de llamar la atención que todavía hay quienes sostienen, contra toda evidencia documental y sin mayor sustento que su apreciación personal, que Tlacotalpan es la cuna del son. Por mucho cariño que se le pueda tener a nuestra bella Perla del Papaloapan, y en mi caso no es poco, es imposible seguir lanzando a la ligera semejante afirmación ; por la sencilla razón de que es falsa. En la misma lógica empleada con respecto de la Denominación de Origen, si Tlacotalpan fuera en verdad depositaria del apelativo geográfico de “cuna del son”, entonces para efectos comerciales, en todos los demás lugares en donde de tiempo atrás se estila tocar sones jarochos, sus cultores deberían aclarar –tal y como sucede con el Tequila– que hacen un “destilado de son”. Así como semejante despropósito suena ridículo, igualmente absurdo es pregonar que el son jarocho puede tener una única cuna. Esto ni siquiera es válido como eslogan turístico, porque la promoción turística de Veracruz no necesita arroparse de falsedades. Por el contrario, como veracruzanos debemos sentirnos genuinamente orgullosos de nuestro son jarocho. Y por lo mismo, saber que una de las características que distingue a este bello género musical en el contexto del gran complejo del son en México, es que dentro de un misma región –en términos geográficos, relativamente pequeña– brotaron a lo largo de más de cuatro siglos, múltiples variantes estilísticas sub-regionales, cada una de ellas con sus rasgos propios locales, pero todas con un distintivo sabor a música jarocha. Ni más ni menos.

¡que siga la música !

Testimonios Jarochos es una investigación etnomusicológica del Instituto Veracruzano de Cultura.

andrescimas@gmail.com