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Son jarocho y extraterritorialidad


¡Alto la música !

Es bien sabido que hoy en día existe una gran cantidad de jóvenes, dentro y fuera de Veracruz, para los cuales interpretar música jarocha se ha convertido en un referente de identidad. Toco jarocho, luego soy mexicano... Desde el punto de vista sociológico o antropológico, esa masificación actual –que en ciertos casos es una simple moda– constituye uno de los aspectos más interesantes que ofrece este bello género musical. Sin embargo, en términos estrictamente musicales, su adopción masiva tiene una doble lectura. Paradójicamente, el sólo hecho de tener muchos seguidores, no garantiza por si sólo, la permanencia del legado musical jarocho ; puesto que habría que considerar, además del factor cuantitativo, el sentido cualitativo. No nos referimos aquí a la calidad de la música que se toca, criterio en última instancia subjetivo, de lo que se trata es de observar las circunstancias y los caracteres naturales o adquiridos que caracterizan la forma en que estos jóvenes desarrollan su acercamiento al son. Es a partir de dicho análisis que podremos determinar si existe –o no– un apego a los parámetros que distinguen al género, tal y como lo decantaron nuestros antecesores. Si este punto es particularmente delicado y difícil de dilucidar porque presenta muchas variables ; la situación es todavía más compleja en el caso de quienes se vuelcan hacia el son jarocho sin vivir en el Estado, o incluso radicando fuera del país ; lo cual añade otras consideraciones con respecto de la noción de pertenencia.

El son jarocho ha sido adoptado por una gran cantidad de jóvenes que radica fuera de Veracruz, e incluso fuera del país

Territorialidad y contexto

No se pretende aquí, de “descalificar” a quienes no nacieron en Veracruz, como si “no tuvieran derecho” de tocar ésta como cualquier otra música ; puesto que ese tipo de criterios segregacionistas de ninguna manera favorece el análisis. Nuestra reflexión va en otro sentido y se refiere a las circunstancias en que se recibe o se adopta un bien cultural. Si hacer propia una expresión musical popular –la que sea– sin vivir en el lugar de donde ésta es originaria es de suyo tan difícil que de hecho no siempre lo logran quienes nacieron en ese lugar pero radican lejos, resulta obvio que el proceso de adopción es mucho más complicado para quienes viven permanentemente en un contexto distinto, y desde afuera procuran vincularse con dicha expresión. Viajar ocasionalmente una determinada región y sentirse atraído por sus costumbres puede ser algo muy favorable e incluso edificante para un visitante, pero está claro que eso no lo convierte en lugareño. Por otra parte, es evidente que quienes radican y hacen su vida en otros Estados de la República Mexicana o fuera ella, no pretenden volverse lugareños, es decir que de entrada asumen –o se supone que debieran de hacerlo– que no son veracruzanos ; pero aún así simpatizan con el son jarocho y por lo tanto aspiran a tocarlo “como los veracruzanos”. Y en ese punto surge nuevamente una profunda contradicción, la cual tiene múltiples lecturas y abre diversas interrogantes como las siguientes : ¿Se trata acaso de tocar como veracruzanos ? ¿Se puede tocar una determinada música regional como sus cultores locales, sin nacer, crecer o por lo menos vivir en dicha región ? ¿Qué significa tocar son jarocho “como los veracruzanos” ? En cuestión de destreza técnica, es indudable que existen músicos de las más diversas latitudes que son perfectamente capaces de dominar las técnicas de ejecución de este género ; pero habría que preguntarse si se trata nada más de una cuestión de dominio de la técnica. Como éstas, existen muchas otras consideraciones que desde luego no se pueden reducir a las simples respuestas de un sí o un no. Es mucho más complejo que eso y habría que tomar en cuenta muchos otros aspectos específicos como las aptitudes, los criterios, las actitudes y la formación de cada persona en particular. Cada caso es distinto. Por tal motivo, más que pretender encontrar aquí soluciones “mágicas” para cuestiones tan heterogéneas y polifacéticas, los que nos interesa es exponer algunas de las contradicciones que presentan este tipo de planteamientos.
Partiendo del hecho de que como imitadores de los veracruzanos, en el mejor de los casos pueden ser excelentes, pero no dejan de ser una copia del original ; y considerando que no se trata de personas herederas de un bien cultural que pertenece a una determinada región con nombre y apellido : el son jarocho nativo de Veracruz, la realidad es que para bien y para mal, quienes adoptan esta expresión musical extraterritorial no le hacen ningún favor al género. En todo caso, podría ser al revés ; es el bien cultural veracruzano el que les podría hacer un favor a ellos, dependiendo del uso que cada cual haga de este son, de la manera en que se asuma su condición de fuereño, y del discurso con que presente su quehacer musical. Como sea, así como resulta exagerado afirmar que los fuereños que lo adoptan le hacen daño al son jarocho, desde luego tampoco es cierto que le estén haciendo un bien.

¡que siga la música !

Testimonios Jarochos es una investigación etnomusicológica del Instituto Veracruzano de Cultura.

andrescimas@gmail.com