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Soneros de corazón


¡Alto la música !

Su calidad musical es sólo comparable con su sencillez. En el marco del Tercer Encuentro de Jaraneros y Decimistas de Córdoba que realizó –el pasado 25 de abril 2009– el grupo Soneros de Huilango, bajo la siempre entusiasta coordinación de la Mtra. Gloria Trujano Cuellar, tuvimos el gusto de convivir con Félix Baxin Escribano. La sonrisa abierta y el trato amable de tío Félix, reflejan plenamente la genuina pasión con que vive él su tradición jarocha. Es un verdadero honor poder tocar y conversar con este gran músico tuxtleco.

No debemos olvidar nuestra tradición

Nací el 10 de julio de 1954, quiere decir que voy a cumplir 54 años. Yo nací en la comunidad llamada Sinapan, municipio de Santiago Tuxtla. Hace ya tres años que participamos aquí nuestra amiga la Mtra. Gloria. Ella nos pide apoyo y como nosotros somos soneros de corazón, no nos podemos negar porque la música es una herencia que nos dejaron nuestros padres. Mi papá fue jaranero, mis abuelos fueron versadores y yo siento que de ninguna manera debemos olvidar nuestra tradición, porque es muy bonita. Yo empecé a tocar la jarana a la edad de doce años. Después me gustó el sonido del requinto e hice intento de aprender el requinto sólo, sin ningún maestro. La jarana sí fue mi papá el que hizo todo por enseñarnos ; pero el requinto, ése si lo aprendí yo solo.
Cuando yo abrí los ojos y ya me di cuenta de lo que era la tradición del fandango, mi papá Domingo Baxin, tocaba con un primo hermano suyo, tío nuestro que ya murió. Se llamó Juan Pólito Baxin. Cuando lo invitaban a él que alguien quería hacer un fandango, un cumpleaños o un velorio, por ejemplo por los cuarenta días de niño, invitaban a “tío Juanito” como guitarrero. En mi región se le llama así a quienes tocan el requinto jarocho. A este instrumento que toco yo, allá se le dice guitarra tercera. Juan Pólito tocaba una quitarra vozarroncita, un poquito más grande que esta que toco yo. Él siempre pedía que invitaran a mi papá para tocar con él, porque eran compañeros de la música. “Díganle primero a mi primo Domingo y si él va yo también voy ; pero si no me quedo”. Ya después cuando se encontraban allá por San Andrés, se ponían de acuerdo : “Hermano, vamos a tocar en tal fecha en casa de fulano. Pues sí, si te invitaron vamos”. Se juntaban ellos con un señor que se llamaba Melitón y un violinero de nombre Santos Escribano ; tío de mi mamá y hermano del difunto, mi abuelo. Eran ellos cuatro.

Félix Baxin Escribano es un gran músico tuxtleco, orgullosamente heredero
de la tradición sonera de sus mayores. En la foto le acompaña la Mtra.
Gloria Trujano Cuellar, principal impulsora de los Encuentros
de Jaraneros y Decimistas de Córdoba

 

Aquella claridad de las brujas

Entonces ya el señor casero arrimaba la tarima, y disponía el lugar donde sería el fandango. Te hablo del tiempo en que no había la luz eléctrica. En aquel entonces se utilizaba un “mechón” o brasero para iluminar. Se ponía lo que en la región nombraban una “bruja”. Se hacían brujas de dos mechas con capacidad de hasta un litro de petróleo. Se le ponía un trapo para que prendiera y así daba claridad. Allí se juntaban las señoras. Cuando había luna, pues qué bueno, pero ni no, de todos modos se hacían los fandangos. Se acercaba que tenían gusto de bailar. El casero le daba de cenar a todos y se amanecía el fandango ; a veces hasta las seis o siete de la mañana. Fue en aquellos fandangos que yo comencé a zapatear. Aunque en realidad bailaba yo sin zapatos ; pero ese era mi gusto, arrimarme al fandango a bailar. Ya después, como te digo, mi papá me enseño la jarana. Sin embargo, de chamaco lo primero para mí fue el baile.

Fandangos de reglamento

Esa tradición yo veía que era una cosa muy bonita y muy decente. No faltaba, es cierto, el que venía borracho de por ahí ; pero había orden. Le llamaban los mayores que “había reglamento en el fandango”. Se ponían de acuerdo unos cuántos : “Si viene uno ya medio rascado, tú lo agarras y si trae algo yo le quito lo que traiga. Si es necesario lo vamos a amarrar nosotros mismos y ahí que se amanezca...” Así por ejemplo, si alguno se ponía a gritar de más echando bulla, lo aplacaban y obedecía. La orden era que había que sacar bien la fiesta toda la noche, sin problemas ni nada de eso. Esa era la orden de los mayores y en verdad se cumplía. Para la música era lo mismo. Yo veía cómo los señores, entre ellos mi papá, se ponían de acuerdo : “Aquí vamos a poner un reglamento en el fandango. En los sones de parejas, cuando ya terminó de zapatear el compañero que va a entrar a bailar ; que ya terminó la versada y ya también ya él dio todo, entonces puede entrar otra pareja”. Para los sones de a montón, como había muchas mujeres bailadoras, señoras de edad y también bastantes muchachas que estaban aprendiendo, entonces se subían a la tarima dos señoras mayores y dos muchachas que eran así guiadas por las bailadoras veteranas. Al terminar cada versada, entraban otras cuatro y así se iban turnando las bailadoras hasta que acababa el son. De aquel entonces, me quedó a mí un gusto, un orgullo y una alegría de corazón por la música. Por eso es que nosotros, donde nos invitan vamos con gusto ; porque sentimos que esta herencia ya la traemos de nacimiento. Yo tuve la suerte de compartir la música con mi difunto padre, hasta aproximadamente mis dieciocho o veinte años de edad. Aprendí con él. Actualmente vemos que a veces las cosas se hacen de otra manera. Quizás porque ahora, algunos ya se consideran como si fueran mayores cuando en realidad todavía son jóvenes... Se extralimitan y ya no obedecen, ni saben de reglas. Nosotros seguiremos dándole esa cadencia al son, como lo aprendimos de nuestros mayores. Eso es lo nuestro... Testimonios Jarochos es una investigación etnomusicológica del Instituto Veracruzano de Cultura. Gracias Félix Baxin Escribano y gracias también a la Mtra. Gloria Trujano Cuellar, soneros de corazón.

Félix Baxin Escribano,
músico de corazón
que vive su tradición
con la guitarra en la mano.
Cual tuxtleco veterano
hace vibrar su instrumento
con el mismo sentimiento
que heredó de sus mayores,
cuando bailó en los albores
fandangos de reglamento.

¡que siga la música !

Testimonios Jarochos es una investigación etnomusicológica del Instituto Veracruzano de Cultura.

andrescimas@gmail.com