¡Alto la música !
Era sorprendentemente sencillo y poco dado a las habladas. Viéndolo pensativo sentadito en una banca cerca de los portales del puerto jarocho, siempre ataviado de guayabera, botín y sombrero de cuatro pedradas con su jarana segundita en la mano, nadie hubiera adivinado la importancia de este hombre. Hizo mucho y quizás sin proponérselo, fue determinante para el desarrollo de una buena cantidad de músicos jarochos. Don Nicolás Sosa Hernández, el cosamaloapeño Tío Nico, fue un excelente arpista que desde niño vivió su pasión por el son. Él fue uno de los primeros músicos veracruzanos que se llegó a la Ciudad de México hacia comienzos de la década de los cuarenta del siglo pasado. Si hoy en día el Distrito Federal resulta imponente, en aquel entonces el contraste para un fuereño era mucho mayor y Tío Nico fue de los que les tocó abrir brecha.
La temprana desaparición en 1957 del gran Andrés Huesca dejó un enorme vació, a la vez que abrió nuevas opciones para otros arpistas. Nicolás Sosa fue uno de ellos, junto con Mario Barradas Murcia, Andrés Alfonso, Bernardino González El Venado, Rosalino Medina, Tachín Córdoba y Ricardo Vázquez el Pirulí. Si bien no fueron ellos los únicos, cada uno jugó a su manera un importante papel en la consolidación de la música jarocha dentro del mercado de trabajo capitalino. A diferencia por ejemplo del terrablanquense Barradas que se quedó a vivir en la Ciudad de México, Tío Nico volvió a su natal Veracruz no sin antes haber realizado en la capital del país una exitosa carrera como músico profesional.

Un punto de referencia
Excelente arpista y jaranero, Tío Nico era una persona serena cuyo trato amable y respetuoso le permitió abrirse paso en aquellos difíciles tiempos iniciales. Como ya era él un músico con cierta experiencia y además un gran conocedor de la música jarocha por haber vivido desde muy joven los fandangos cuenqueños, al llegar al Distrito Federal pronto adquirió notoriedad y los jóvenes se le acercaban. Él tuvo mucho que ver en la carrera de músicos como Andrés Alfonso Vergara, Mario Barradas Murcia, Lino Chávez Zamudio, Chico Barcelata y Lino Carrillo, entre otros. Cuenta Andrés Alfonso que allá por 1950 : “... me encontré a Nicolás Sosa. Él supo que yo estaba en México y me fue a ver a la terminal que quedaba en La Palma. Nicolás me dijo que estaba tocando con “Chico” Barcelata y Nacho Cano, pero como Nacho Cano ya se iba a ir, quería que yo tocara con ellos. (...)Ya me fui con él y ahí empecé a agarrar el arpa. Esos fueron mis inicios como músico en el D.F. ; pero yo no sabía el arpa, era jaranero. A Lino (Chávez) yo lo conocí desde antes cuando tocaba con el excelente arpista llamado Bernardino González, “El Venado” y con Julián Cruz Figueroa. Se llamaban Conjunto Papaloapan. Nicolás me contó cómo llegó Lino de por allá de Alvarado y él le regaló su primer atuendo con guayabera y todo para trabajar.
Resulta que ellos vivían cerca de casa de Nicolás, en un hotel por la calle de Ayuntamiento y siempre estaban metidos en su casa jugando baraja con toda la plebe jarocha ; y además, por si caía alguna tocada”.
La cita anterior es particularmente interesante, puesto que se trata de los comienzos al arpa de don Andrés Alfonso. Poco después, Andrés fue el primer veracruzano en construir arpas grandes con las que se podía tocar de pie ; tal y como lo exigían los productores cinematográficos. Al respecto Mario Barradas Murcia señala lo siguiente : “...mi primer viaje al D.F. fue con Andrés Alfonso. (...)Ya estaba el Conjunto Tierra Blanca allá. (...)Cuando yo legué a trabajar a México, traía un arpa chica como las de antes que eran para tocarse sentado. Yo le mandé a poner una patas largas pero quedaba muy inestable y no era cómoda. Hasta que después, precisamente Andrés Alfonso hizo un arpa grande. Había arpas grandes, pero eran de Jalisco o de Michoacán. Pero lo que era el estilo de arpa de Veracruz, eran puras arpas chiquitas. Y así fue, con Andrés Alfonso, que comenzó a haber arpas jarochas grandes”. Uno de los primeros arpistas en tocar aquel instrumento de mayor tamaño fue precisamente Nicolás Sosa.
La gratitud de Lino Chávez
Otro músico que quedó por siempre agradecido con Tío Nico, fue el famoso requintero Lino Chávez Zamudio. Entrevistado cuando se vino a vivir a Xalapa, hacia el final de su carrera, él comentó lo siguiente : “Cuando Nicolás Sosa estuvo al frente del Conjunto Tierra Blanca nos dijo : Bueno, tenemos jaranas, guitarra y arpa pero nos hace falta el requinto. ¿A ver, quién se pone a tocar el requinto ? Viendo que no había quien, yo le dije a Nicolás : pues a mí no me gusta pero si no hay quien lo toque, si quieres, yo veo si le aprendo algo. Entonces él tenía un requinto de esos chiquitos que hacía un señor Melesio Vilaboa de Tlacotalpan ; y le dije : encuérdalo y afínalo, porque yo nunca le he puesto cuidado a eso. Así empecé con el requinto, a medio puntear pero no había quien me enseñara. Yo fui sacando lo que pude, hasta que aprendí a puntearlo un poco más.
Hoy en día, quisiera yo ir a ver a Nicolás Sosa, allá en Veracruz, para agradecerle que me haya impulsado a tocar el requinto cuatro, porque gracias a eso yo me he abierto muchas puertas. Recuerdo que él me animaba : tú síguele, que sí vas a aprender. Tu sigue y verás”.
De vuelta a casa
A Don Nicolás no le atrajo la idea de quedarse a vivir en la Ciudad de México, terminó regresando a Veracruz y se quedó en el puerto jarocho. En 1994, junto con la Mtra. Irene Vázquez Valle realizamos un homenaje en la Ciudad de Xalapa dedicado a Mario Barradas Murcia, Andrés Alfonso y Nicolás Sosa Hernández. Fue un verdadero placer volver a reunir y escuchar juntos a tan excelentes músicos. Por su avanzada edad ya Tío Nico no podía pulsar el arpa, pero conservaba aún su sabroso jaraneo igual que su buen humor. Para escucharlo tocando el arpa, la grabación que hizo Hellmer de La Rama junto con Julián Cruz a la jarana y Adalberto Hernando al requinto es memorable. Las citas que se incluyen en este artículo forman parte del libro Por su Propia Voz. Pláticas con músicos jarochos. Esperemos pronto verlo publicado. Probablemente tío Nico no alcanzó tanta fama como otros músicos contemporáneos suyos, sin embargo quienes tuvimos el privilegio de su amistad, siempre lo recordaremos con cariño y admiración.
¡que siga la música !
Testimonios Jarochos es una investigación etnomusicológica del Instituto Veracruzano de Cultura.
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