¡Alto la música !
Los grandes lineamientos trazados en México por las políticas culturales gubernamentales –no siempre de manera oficial– han incidido, para bien o para mal, por acción o por omisión, en los caminos que recorren las expresiones populares, y la música no es la excepción. Actualmente prevalece un diseño programático, implementado a nivel nacional como política de Estado, que junta en una misma dependencia oficial dos instancias que son de suyo distintas y que no forzosamente se complementan : el turismo y la cultura. Si bien es cierto que la cultura del turismo puede crear condiciones favorables para impulsar el desarrollo económico en determinadas regiones dotadas de bellezas naturales y atractivos interesantes tanto culinarios como para el ocio y la recreación, la cultura por su parte, no necesariamente responde a esa misma lógica, y en más de un sentido está estrechamente relacionada con la educación. No se puede aplicar la misma lógica a un bien cultural y a la renta temporal de un espacio para el esparcimiento turístico, puesto que tanto las ganancias como las pérdidas son en cada caso de índole muy distinta. Es desde luego favorable que cualquier cultura dé a conocer sus rasgos distintivos, siempre y cuando en el proceso de divulgación no se diluyan dichos rasgos, bajo para el pretexto de “adecuarse a las necesidades del mercado internacional”.
Una acción complementaria
En los últimos años, las políticas culturales gubernamentales mexicanas han propiciado una tendencia hacia la uniformidad y la comercialización del quehacer artístico, bajo el criterio de que el patrimonio cultural debe ser una atracción turística, equiparable con una mercancía o un producto de exportación cuya finalidad es captar divisas. Es así, como por ejemplo, diversos sitios arqueológicos han sido convertidos en escenario para la presentación de fastuosas producciones escénicas al estilo hollywoodense de “última generación” ; dirigidas a una reducida élite que puede pagar los elevados precios de entrada en este tipo de espectáculos. Instancias como el Fondo Regional para la Cultura y las Artes de la Zona (FORCAZ), han enfocado el fomento a la promoción cultural –y en específico el Diplomado en Organización de Festivales Artísticos y Culturales– bajo un sesgo empresarial en el entendido de que “en las sociedades modernas, el desarrollo de las artes escénicas como expresión de la cultura ha alcanzado un nivel en el que la competencia se hace presente en un mundo globalizado”. Asimismo, dicho Diplomado tiene entre sus objetivos : “unificar criterios de planeación, ejecución y evaluación en la región respecto de festivales artísticos”.
Por su parte, los criterios establecidos en la Convención sobre la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales, aprobada por la UNESCO el 20 de octubre de 2005, contemplan entre sus objetivos (apartado g) el de “reconocer la índole específica de las actividades y los bienes y servicios culturales en su calidad de portadores de identidad, valores y significado”. Es por ello que como sociedad civil, más allá de las políticas culturales oficiales y a veces incluso a pesar de ellas, tenemos un reto particularmente delicado y complejo. Por una parte, debemos ubicar y filtrar los esquemas panfletarios que tienden a uniformarnos en aras de un consumo masivo de los productos artísticos comerciales ; pero por otra parte –y esto es igualmente peligroso– tenemos que ser muy cuidadosos con la lectura que hacemos de nuestro pasado, porque existe una tendencia creciente que suele reemplazar la genuina necesidad de revindicar un determinado legado histórico, por la simple e irresponsable reinvención individualizada que modifica la esencia misma del legado que se pretende enarbolar. Así por ejemplo, podemos constatar que actualmente surgen danzantes que se auto nombran como “aztecas” y rechazan –bajo criterios muy cuestionables– la herencia conchera de sus antecesores. Igualmente vemos que existe dentro y fuera de Veracruz, una enorme cantidad de músicos jóvenes que han hecho de algunos sones jarochos “su” música, pero que realidad es muy poco lo que conocen de la historia y del legado cultural jarocho de las generaciones anteriores. Es bien sabido que en la medida en que un pueblo valora su historia será capaz afrontar con mayor fortaleza su futuro. Hoy en día, en un contexto mundial donde el proyecto occidentalizador tiende a la globalización hegemónica de una cultura transnacional basada en el “american way of life”, en Veracruz, más allá del espejismo del pretendido “sueño americano”, afortunadamente todavía habemos muchas personas que mantenemos despierta nuestra identidad cultural ; aunque en más de una ocasión aparezcan bostezos e incluso no falta uno que otro ronquido.
¡que siga la música !
Testimonios Jarochos es una investigación etnomusicológica del Instituto Veracruzano de Cultura.
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