¡Alto la música !
En el contexto de un mundo globalizado que se agita frenéticamente al impulso del valor monetario, una de las principales interrogantes que enfrentan hoy en día los jóvenes, es definir a qué se van a dedicar para ganarse el sustento diario. ¡Menudo paquete ! dilucidar siendo adolescentes el ser humano que habremos de ser para el resto de nuestra vida laboral, cuando todavía nos acosan enormes preguntas existenciales. No resulta, en efecto, nada fácil con escasa experiencia y desbordantes expectativas, resolver una cuestión tan vital como lo es el inevitable y apremiante ingreso al mercado del trabajo. Suele suceder que en esta etapa de nuestra vida tenemos bastante claro qué es lo que no queremos, pero en cambio se nos dificulta más entender lo que realmente queremos ; y sobre todo, cómo encaminarnos para alcanzar nuestro objetivo. Resulta difícil escoger frente a un amplio abanico de intereses qué hacer, cuando apenas entendemos quienes somos...
Vivir del son o vivir el son
Para muchos de estos jóvenes, la interpretación de sones jarochos ofrece un interesante asidero que les ayuda a definir su referente de identidad cultural. Esta capacidad aglutinadora es, desde el punto de vista sociológico, una de las características más importantes del actual momento de auge que vive la música jarocha. Sin embargo, en términos estrictamente musicales, las consecuencias que tiene dicho auge, no están exentas de contradicciones. Es importante observar qué implicaciones –tanto cuantitativas como sobre todo cualitativas– tiene la masiva adopción por parte de los jóvenes de este género musical. Uno de los aspectos que llama la atención es que actualmente un importante número de jóvenes aspira a convertirse en músico jarocho profesional. No se trata desde luego de cuestionar esta legítima aspiración, pero lo que debemos observar son los mecanismos mediante los cuales se capacitan estos jóvenes músicos para profesionalizarse. Por lo general, se trata de talleres urbanos impartidos por músicos relativamente jóvenes, los cuales a su vez provienen de talleres similares ; creando cadenas de transmisión del conocimiento musical en las casi nunca prevalece el acercamiento a los viejos músicos. Esto explica en parte, por qué la música que tocan estos jóvenes suele sonar tan distinta del son jarocho que tocaban nuestros abuelos. Aunque parezca demasiado obvio es pertinente repetirlo : no es lo mismo vivir de la música que vivir la música.
Convivencia intergeneracional
Para cerrar el periodo vacacional decembrino e imprimirle nuevos bríos a este incipiente 2011, tuvimos el gusto de convivir con un grupo de jóvenes amigos, en un convite jarocho en el que además de la tarima, también nos reunimos en torno a diferentes temas relacionados con las expectativas del nuevo año. Cabe destacar que quienes acudieron al convite, fueron en su mayoría jóvenes de 17 y 18 años. Gracias a nuestra amistad con Francisco Rodríguez Malo, él y su bella compañera Aika, convocaron a un pequeño grupo de jóvenes músicos que se han acercado con genuino interés a conocer los sones jarochos, pero que al mismo tiempo tienen claro que no se plantean ser músicos profesionales ; y por lo tanto, se preguntan –unos con mayor premura que otros– cuál será la mejor decisión para proseguir sus estudios. A punto de terminar la preparatoria, esta juventud sabe que no podrá posponer indefinidamente la decisión sobre su carrera profesional ; pero sabe también encarar la vida con optimismo. Tienen todos ellos un impresionante bagaje de conocimientos e inquietudes ; y cuentan a su favor con una encomiable certeza : el son será compañero de sus vidas, aún sin dedicarse profesionalmente a la música. Es por ello que nos juntamos para dialogar –no solamente con los instrumentos– sin competencias ni protagonismos, en un ambiente familiar que todos disfrutamos. En lo personal, fue un verdadero placer poder compartir con estos jóvenes amigos algunos sonecitos poco conocidos como El Durazno, El Capotín, El Zopilote, El Platanero o La Chuchurumaca. Es un privilegio tener la oportunidad de una cercanía con esta generación rebosante de frescura y sana avidez, en la esperanza de poder aportarles algo que les sea útil, y por supuesto recibiendo de parte de ellos un enriquecimiento humano que mucho valoro. Gracias Pancho, Aika, Roberto, Ricardo, Marino, Fabio, David, Selene, Argelia, Polo, Rocío, Yaco, Constanza, Rossina, Abraham, Sebastián y Velia mamá e hija ; gracias también como siempre a Nancy, Darío y Martín. Pronto nos volveremos a reunir en otro convite.
¡que siga la música !
Testimonios Jarochos es una investigación etnomusicológica del Instituto Veracruzano de Cultura.
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