¡Alto la música !
En este año en el que los festejos patrios septembrinos conmemoran el bicentenario del grito de Hidalgo que marcó el inicio de la gesta independentista en nuestro país, la situación catastrófica en la que se encuentra el sureste de México –y nuestro Estado en particular– es desoladora. Vivimos una emergencia en Veracruz, por el desbordamiento de 18 ríos. A pesar de que se ha logrado disminuir el desfogue de las presas Temascal y Cerro de Oro, gracias a lo acordado por el gobernador Fidel Herrera Beltrán con la Conagua y la CFE, Veracruz está padeciendo la inundación más grave de la historia del Papaloapan ; peor aún que aquellas legendarias del 44 y del 69. Tlacotalpan, es el más afectado de los 79 municipios inundados, y se estima que el 80 por ciento de su población ha sido evacuada. Ante la magnitud de la calamidad miles de familias veracruzanas damnificadas están hoy en día sumergidas en la zozobra y todavía faltan muchos días para poder evaluar las pérdidas...
200 no son pocos años
Omitir esta dolorosa realidad sería una conducta imperdonable, pero tampoco es correcto valerse de ella para descalificar a ultranza la conmemoración de los 200 años de nuestra vida independiente. Al estallar la gesta independentista en 1810, el país entró en una etapa de grandes cambios marcada por la confrontación, la ambición desmedida y las guerras fraticidas. Los primeros cien años del México independiente fueron particularmente complejos porque las contradicciones internas, despertaron la codicia de gobiernos extranjeros como los de Francia y Estados Unidos, los cuales aprovechando la confusión que prevalecía orquestaron alevosas intervenciones militares en contra de México, al amparo de dolosos pretextos. El XIX es un siglo de grandes caudillos que a lo largo de toda América Latina, encabezaron movimientos de Independencia ante España ; la cual a su vez se encontraba inmersa en un conflicto bélico por la invasión napoleónica y la consiguiente guerra de 1808 a 1814 que precipitó la crisis interna de la monarquía absoluta.
Llama la atención que las dos grandes figuras de la guerra de Independencia de México, Hidalgo y Morelos recibieran en su momento instrucción religiosa y hayan sido ordenados como sacerdotes. A pesar de que ambos perecieron en los primeros años del movimiento, son verdaderos héroes nacionales imprescindibles para la historia de México. De acuerdo con los planes originales, la sublevación armada debía comenzar hasta octubre de 1810, pero al descubrirse la conspiración y ser detenidos varios de los implicados, Hidalgo junto con Allende, Aldama, Abasolo y algunos más, adelantaron la fecha gracias al oportuno aviso de la Corregidora doña Josefa Ortiz de Domínguez.
Un justo reconocimiento
Es importante saber valorar como mexicanos el esfuerzo que han hecho tantos hombres y mujeres por nuestro país. Sin dejar de reconocer los grandes rezagos que prevalecen en México, como la escandalosa desigualdad entre ricos y pobres, debemos ponderar nuestro legado histórico. Si solamente nos desgastamos quejándonos por lo malo, perdemos la oportunidad de cambiar algo de lo mucho que debe cambiarse ; y tenemos un compromiso con nuestros hijos. “Para mí la Independencia significa un relato histórico que comienza con el grito de Dolores y termina con el abrazo de Acatempan”, señala Martín Barahona Correa con sus escasos 7 años. Y agrega : “Sabemos que Hidalgo, Morelos, Allende y otras personas más dieron su vida para que México tuviera libertad y eso hay que agradecérselos. Yo quiero que en México ya no haya contaminación, que sigamos siendo libres y siempre festejemos nuestra libertad. Yo creo que España ya no debía gobernar aquí más, para que México pudiera escoger a sus propios gobernantes”. Por su parte, Darío Barahona Correa –de 10 años– comenta que “La Independencia de México se debe conmemorar, más que nada reflexionando y dándonos cuenta de que si no hubiera empezado esa conspiración que valientemente defendieron los primeros insurgentes, todavía seguiríamos bajo el dominio español. Hay que festejar, haciendo un recuento y agradeciendo a Hidalgo, Morelos, Allende, Guerrero, Josefa Ortiz de Domínguez y a tantas otras personas que dieron su vida para liberar nuestra patria. Yo sí quiero festejar, porque a mí me gusta ser mexicano ; porque aquí nací, y por cómo son las personas y el territorio. La patria es uno de los principales amores que se tienen en la vida. Me gusta también lo que representan nuestros antepasados porque la historia de México es muy bonita. Me siento muy orgulloso de los aztecas, los olmecas o los mayas y me da curiosidad por saber más de ellos. Entender la historia es como un misterio a resolver. Yo creo que conocer mejor el pasado nos ayuda en el futuro, para tratar de no cometer los mismos errores”. Junto con Darío y Martín, muchos de nosotros nos sumaremos al esfuerzo de salir adelante para que ¡Viva México ! Y viva un mejor futuro. Es cierto, falta mucho, muchísimo por hacer...
¡que siga la música !
Testimonios Jarochos es una investigación etnomusicológica del Instituto Veracruzano de Cultura.
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