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Canti & Musica - Anthologie de chants et musique profanes
Ocora - 2011



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El velorio en la región de los Tuxtlas :
una antigua tradición musical popular



Los Velorios Tuxtlecos : Un luto festivo

El día 30 de marzo de 1994 se llevó a cabo el II Encuentro de Jaraneros de San Andrés Tuxtla. Sobreponiéndose a una serie de dificultades de última hora y con una Casa de Cultura acéfala, el comité organizador sanadrescano logró sacar adelante un estupendo encuentro, donde coincidimos muchos músicos y amantes del son jarocho.
Digna de destacarse fue la entusiasta labor del maestro Andrés Moreno Nájera, excelente jaranero y director del grupo musical anfitrión, "Cultivadores del Son", de San Andrés.
Al día siguiente, a invitación de Andrés Moreno acudimos a la comunidad llamada Buenos Aires Techalpan, donde se celebraba un velorio tradicional.

Rumores en la vereda

Era una ncohe de cielo abierto y a medida que nos ibámos acercando al lugar, se desprendían de los silencios de los grillos y los aleteos ocasionales de las aves, los primeros rumores del fandango. Primero fue el grave latido de la tarima como inéquivoca señal de un "algo" colectivo. Después se comenzó a definir el distante vibrar de las jaranas y alguno que otro grito de júbilo. Finalmente, tras descender entre frutales una pequeña ladera, nuestra veredita dio con una explanada que une media docena de casas con muros de palo y techos de palma : llegamos a Buenos Aires Techalpan.
Al pie de la tarima, dos violines llavan la vos cantante rodeados de varias guitarras de son y más de diez jaranas. Reina un ambiente festivo alrededor del tablado, las parejas de bailadores alternan y sus mudanzas son jocosamente comentadas por un grupo de mujeres que mantiene viva la lumbre en la cocina. Al pie de un hermoso zapote, los hombres rién y beben aguardiente.

Un señor anfitrión

Andrés me apartó de la tarima para presentarme con nuestro anfitrión, don Tranquilino Pólito Chigo. Con su camiseta de sisa y cacucha, don Tranquilino -plenamente dueño de la situación- mostraba una sorprendente y jovial frescura.
Hablaba con ua autoridad que no lgró menguar el vaso de aguardiente con que nos dio la bienvenida. Con curtida sencillez nos explicó : "Es cumpleaños de una niña que se llamó Guadalupe Chigo Pólito y hoy que tenemos oportunidad -porque no siempre se puede- le estamos haciendo su velorio de cumpleaños. Por eso rezamos y también hacemos fandango. Eso fue lo que nos enseñaron nuestros mayores y nosotros debemos cumplirlo. Por eso, ¡qué siga la fiesta ! ahora que se puede, porque mañana, quién sabe..."

El tataviyiyayo

La plática estaba ya muy animada cuado don Tranquilino nos dijo : "¡Yo quisiera, deveras cómo quisiera que ustedes vinieran ayer ! ¡Hubieran podido probar nuestro tataviviyayo !". "Y es que es un caldo colorado, ¡pero que se siente muy sabroso ! Porque lleva muchas cosas de ingredientes. Porque es una comida que se hace -pero bastante- lo que es un animal completo, van a guisarlo allí. Uno, el que va a comerse en el almuerzo y otro cuando viene la imagen de la Virgen y se coloca en al altar. Es una paila, dos canastas de carne y dos canastas de hueso que se preparan y ¡Órale ! a comer".
Se llama tataviyiyayo porque así nos lo dejaron dicho nuestros abuelos. "Tatavi" es colorado, "Iyayo" es caldo, quiere decir que es un caldo colorado. Es una comida para una ocasión especial.

La vela encendida

Y es cierto, muy especial resutló para nosotros el momento compartido con don Tranquilino Pólito Chigo y toda la gente de Buenos Aires Techalpan. Nos brindaron un calor que permanece encendido como un sencillo homenaje humano ante algo que rrealmente nos sobrepasa : la muerte. Pero como dice don Tranquilino : "Hay que festejar ahora porque mañana...quién sabe." Ante la muerte, sólo la vida y el gusto de vivirla para que no se apague la llamita.

Una décima glosada a lápiz

De regreso a casa en la Ciudad de Xalapa, le compartí a ese excelente pintor y queridísimo amigo Luis Rechy, las gratas vivencias que tuvimos en Techalpan con don Tranquilino. Y nuevamente la mecha se prendió : Luis quiso plasmar con su talentoso lápiz, lo mucho que para él también significa la vital conjunción entre el velorio y el fandango. La propuesta no se hizo esperar :

Se reza frente al altar
mientras duermen los pequeños
y en la tarima no hay dueños
baila quien quiere bailar.
Mientras tabnto al platicar
cerquita de la cocina,
la familia campesina
se despide del velorio
y con júbilo notorio
la mañana se avecina.
(ABL)

Esta décima inspirada en aquel velorio techalpeño ha sido magníficamente "glosada" en diez dibujos a lápiz por el maestro Luis Rechy.
El trabajo conjunto que Luis Rechy y yo les presentamos aquí, reitera una vez más que mantener viva la limbre es un trabajo colectivo.