¡Alto la música !
Con ese grito de esperanza, lanzado el 4 de mayo de 1987 desde las radiodifusoras de Cosamaloapan, XEFU y XEQO, como décima emblemática de un programa titulado precisamente titulado ¡Viva la cuenca !, el reconocido decimista de origen tlacotalpeño Guillermo Cházaro Lagos, marcó el inicio de una nueva etapa de florecimiento de la décima jarocha. El recuerdo de nuestro querido tío Guillo quedará por siempre entre los veracruzanos que reconocemos en él, al hombre probo de fina palabra y cadenciosa rima decimal. Su siempre entrañable Río Papaloapan, al que cantó con tanta vehemencia, lo acompañará corriente arriba a reunirse con las mariposas de alas de obsidiana. “Donde el Dios sol con su comitiva de heroicos guerreros muertos en batalla y de las mujeres fallecidas al dar a luz, consideradas como heroínas, recorre, en regio palanquín el curso del Papaloapan, del oriente al poniente ; desde la barra de Alvarado hasta la Sierra de Juárez, la de Ixtlán ; en donde nace el majestuoso Río-Mariposa” ; de acuerdo con la leyenda olmeca que rememoraba con brillo en los ojos el propio tío Guillo.
Hoy queremos compartir con los lectores del Diario de Xalapa algunos extractos de una entrevista hecha hace tiempo con este gran poeta jarocho. “En lo que fue la Hacienda de Corral Nuevo, nací yo. Actualmente en un poblado del municipio de Acayucan y según tengo entendido, es la congregación más poblada de éste. Esa hacienda perteneció a mi familia, cuyas diferentes ramas familiares constituían una sociedad que se llamó “Juan A. Cházaro Sucesores”. Mi papá don Ángel Cházaro, co-propietario, fue el último administrador de la hacienda. Cuando yo nací, eran tiempos difíciles entonces mi mamá, doña Petronila Lagos doña Nila le decían, me tuvo allá. Resulta que para llegar a Tlacotalpan se tenía que ir en carreta de bueyes hasta un lugar que se llama Cuatotolapan Viejo, a la orilla del río San Juan. Allí pasaban las lanchas que venían de San Juan Evangelista a Tlacotalpan. Pero esas lanchas, cuando yo nací el 31 de agosto de 1919, las partidas rebeldes las asaltaban ; y ante el temor de no poder llegar con toda tranquilidad, mi padre prefirió que mi madre me tuviera allá en la hacienda.
Desgraciadamente en ese tiempo que yo nací, mi mamá adquirió el paludismo, entonces imagínate, una mujer que pierde sus defensas por causa de la enfermedad y le viene una fiebre de esa que llaman perniciosa ; pues no me pudo amamantar. Me amamantó una llanera que se llamaba María Expedita, de la cual yo hablo en mis “Décimas Vaqueras” :
la leche que yo mamé,
bendita nana que fue
una fuente que manaba.
La savias que nos llenaba
de vigor a dos primales,
su niño y yo, recentales
de mi nodriza llanera,
que nos dio la primavera
cual flor de los pastizales.
Ella era la esposa del caballerango de mi papá. El que cuidaba los caballos de silla, que se llamaba Gerasmo Gómez. En aquel entonces no te creas que las cosas eran como ahora, escaseaban los doctores. Tanto así, que cuando me trajeron a Tlacotalpan a la edad de cuatro años, venía yo contagiado de difteria y por poco me muero. En la hacienda de Corral Nuevo está enterrada una hermanita mía, María de los Ángeles que tenía siete años. Me salvó el doctor Gonzalo Aguirre Beltrán que fue apóstol de la medicina. Trajeron el suero aquel que contrarrestaba la enfermedad, afortunadamente a tiempo todavía y me salvaron”.
San Crístobal en este dibujo de Teresa de Jesús Islas de Gutiérrez
Trovero y decimista
“Yo, como trovero y decimista nazco a raíz del contacto con el campo. Los antiguos empleados de la hacienda que nos guardaban un gran cariño, me decían de broma que la mujer que atendió a mi mamá, a la que llamaban “Tía Canuta”, era culebrera. Eso decían. Yo tengo enterrado mi ombligo allá en Corral Nuevo. Por cierto, esa es una zona en donde se hacían muchos fandangos. Tuvimos incluso un rancho llamado “El Retorno”. Rescatamos quinientas hectáreas y con la anuencia de mi papá, las pusimos a nombre de mi hermana Tete.
Como te digo, la vida campirana fue la que despertó en mí, la pasión por la décima. Recuerdo que estando en Cosamaloapan, siempre cambiábamos impresiones sobre historia y demás. Mi compadre Mariano Ramos Zarrabal y yo. En ese tiempo, yo estaba comisionado por la Unión Ganadera del Sur que presidía Amadeo González Caballero, para la campaña contra la garrapata. En una ocasión, me levanté de vena y escribí una serie de décimas. Cuando se las mostré a Mariano le gustaron mucho. Él me sugirió entonces, que le cantara al jarocho, al hombre de esta tierra ; diciéndome que siendo yo jarocho por los cuatro costados, seguramente podría yo hacer unas décimas que hablaran de lo nuestro, de la llanura de sotavento que es la verdadera tierra de los jarochos. Así nacieron las “Décimas Jarochas”, que son a mi juicio, un plato fuerte de la décima”.
Quienes tuvimos el privilegio de su amistad, siempre recordaremos a don Guillermo Cházaro con gratitud y respeto, porque fue una persona que supo mantenerse firme en sus convicciones ; sin alimentar bajezas ni habladurías. Queremos expresar a doña Blanquita Rosario y a toda la numerosa familia Cházaro nuestros más sincero pésame. Como el propio tío Guillo lo expresó : “la trova ganó mi vida y se las dejo cantada... Descanse en paz don Guillermo Cházaro Lagos.
¡que siga la música !



